Poco a poco se van cumpliendo las malas previsiones sobre el encarecimiento de los precios y los problemas de abastaceimiento y suministro auguradas al inicio de la guerra desatada por Estados Unidos e Israel contra Irán. 

Los primeros datos comerciales de abril de 2026 revelan el duro impacto que la crisis en el Estrecho de Ormuz está teniendo en los suministros globales de energía, fertilizantes y materiales industriales. Según un análisis del Centro de Comercio Internacional (ITC, por sus siglas en inglés), las exportaciones de 12 productos clave procedentes de las economías dependientes de esta ruta marítima se han desplomado, y los mercados importadores, a pesar de diversificar sus fuentes, no han logrado compensar totalmente las pérdidas.

Un shock de oferta sin precedentes

Desde finales de febrero, la reducción del tráfico comercial y el aumento de los costes de transporte y seguros han afectado a los flujos comerciales mucho más allá de la región. El Estrecho de Ormuz, por donde pasa aproximadamente una cuarta parte del comercio marítimo de petróleo y un tercio de la urea comercializada a nivel mundial, se ha convertido en un cuello de botella crítico.

Los datos de abril de 2026 muestran una contracción generalizada:

  • Gas natural licuado (GNL): sus volúmenes de exportación cayeron un 95%
  • Urea (fertilizante): el descenso fue del 83%
  • Metanol y amoníaco: las caídas fueron del 80% y 75%, respectivamente

En total, las exportaciones combinadas de los 12 productos seleccionados cayeron un 54% en comparación con el año anterior.

En términos absolutos, la mayor pérdida se concentró en el petróleo crudo, con una reducción de 28 millones de toneladas, seguido de los productos refinados y el GNL.

Mercados importadores: entre la dependencia y la diversificación

El impacto no ha sido uniforme. Aquellos mercados con alta dependencia histórica de los proveedores de la zona del Golfo han sufrido las mayores contracciones en sus importaciones totales.

Japón, que tradicionalmente obtenía el 91% de su petróleo crudo de estas economías, registró un desplome del 64% en sus importaciones totales del producto.

Corea del Sur (con un 62% de dependencia) y Malasia (con un 53%) vieron caer sus importaciones un 23% y un 41%, respectivamente.

Por otro lado, algunos mercados lograron capear mejor el temporal. Tailandia, por ejemplo, aumentó sus importaciones de petróleo crudo en un 62% al conseguir asegurar cargamentos de proveedores alternativos.

La diversificación no es suficiente

Los datos revelan que, aunque los importadores están buscando alternativas, la sustitución de proveedores ha sido limitada. De los 12 productos analizados, las importaciones desde proveedores alternativos aumentaron para 10 de ellos.

Sin embargo, solo en dos casos (amoníaco y polímeros de propileno) este aumento logró compensar totalmente la caída de las importaciones desde las economías dependientes del Estrecho.

Estados Unidos y China emergieron como proveedores alternativos clave para productos como el GNL y los polímeros, pero para otros, como el propano y el azufre, las importaciones desde fuera de la zona también disminuyeron.

Perspectivas inciertas y efectos en cadena

La situación sigue siendo volátil. Aunque ha habido pausas en el conflicto que generan esperanzas de reapertura, el tráfico sigue muy por debajo de lo normal y no hay certeza sobre cuándo se restablecerá plenamente.

El Fondo Monetario Internacional (FMI), en sus proyecciones de julio de 2026, estimó que la reapertura podría comenzar a mediados de mes y que la normalización total no llegaría hasta marzo de 2027. Sin embargo, la incertidumbre sigue siendo la norma.

Más allá de la escasez inmediata, el informe alerta sobre los efectos secundarios:

  • Encarecimiento directo: los costes de la energía, los fletes marítimos y los seguros ya están subiendo como consecuencia directa de la interrupción del tráfico en el estrecho
  • Riesgo de inflación generalizada: este encarecimiento inicial no se queda ahí. Al ser la energía un insumo básico para casi toda la producción y el transporte, estas subidas puntuales pueden trasladarse como un efecto dominó a una amplia gama de productos, desde materiales industriales hasta alimentos. Si este traslado se generaliza, la economía podría entrar en un proceso inflacionario, es decir, un aumento sostenido y generalizado de los precios de bienes y servicios
  • El caso de los fertilizantes es especialmente sensible: el encarecimiento de la urea puede elevar los costes agrícolas y, en última instancia, los precios de los alimentos, golpeando con especial dureza a los países más vulnerables y dependientes de las importaciones

El ITC concluye que la crisis subraya la vulnerabilidad de las cadenas de suministro globales ante puntos de estrangulamiento críticos y la importancia de contar con estrategias de diversificación de proveedores más resilientes.

Source of original article: United Nations (news.un.org). Photo credit: UN. The content of this article does not necessarily reflect the views or opinion of Global Diaspora News (www.globaldiasporanews.net).

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