La Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) ha identificado 14 tipos de equipos utilizados legalmente en sectores como las industrias farmacéutica, química, alimentaria y cosmética que también pueden ser desviados para fabricar drogas ilícitas. 

Entre ellos figuran máquinas industriales para mezclar sustancias, equipos para realizar y controlar reacciones químicas y maquinaria capaz de comprimir polvos para fabricar medicamentos, suplementos o incluso determinados tipos de dulces, pero que también puede utilizarse para producir pastillas de drogas ilícitas. Otros equipos permiten introducir sustancias en cápsulas, una tecnología empleada habitualmente en la fabricación de medicamentos y suplementos.

Estos equipos también tienen aplicaciones legítimas en la industria veterinaria y en hospitales, laboratorios, universidades y centros de investigación. Su amplia utilización y la posibilidad de que una misma máquina tenga múltiples usos plantean uno de los principales desafíos para las autoridades: evitar que termine en manos de fabricantes ilícitos sin obstaculizar el comercio ni las actividades industriales y científicas legítimas.

Una nueva evaluación de la JIFE analiza por primera vez de manera integral las industrias y los actores que intervienen en la fabricación, comercialización y distribución de estos equipos. El objetivo es ofrecer a los gobiernos una base para comprender cómo circulan, detectar vulnerabilidades y reforzar la cooperación con fabricantes, distribuidores y otros actores del sector privado. 

Equipos que pueden circular durante décadas

A diferencia de los precursores químicos utilizados para fabricar drogas, que suelen consumirse o transformarse durante los procesos de producción, las máquinas pueden utilizarse repetidamente, venderse, trasladarse, reacondicionarse y exportarse varias veces a lo largo de su vida útil. Esto hace que conocer únicamente al fabricante y al comprador original no sea suficiente para garantizar su trazabilidad.

Por ello, la JIFE amplía la mirada hacia toda la cadena de suministro. Además de fabricantes, importadores y distribuidores, identifica a empresas de logística, intermediarios, comerciantes de segunda mano, compañías dedicadas al reacondicionamiento de maquinaria, plataformas digitales y servicios encargados de desmontar, reciclar o destruir los equipos cuando dejan de utilizarse.

El desafío ha cobrado mayor relevancia con la expansión de la fabricación de drogas sintéticas, que puede requerir maquinaria más compleja y especializada que la utilizada tradicionalmente para producir drogas de origen vegetal como la cocaína o la heroína.

El mercado de segunda mano, un punto vulnerable

La compraventa de maquinaria usada cumple una función importante para pequeñas y medianas empresas, instituciones de investigación y nuevos emprendimientos que buscan alternativas más económicas. Un equipo reacondicionado puede costar entre 30% y 60% menos que uno nuevo, lo que explica la expansión de este mercado y la prolongación de la vida útil de muchas máquinas.

Sin embargo, a medida que los equipos cambian de propietario, la información sobre su origen, mantenimiento y destino puede perderse. La JIFE señala que las subastas industriales presentan desafíos particulares, ya que la maquinaria puede comercializarse con documentación limitada sobre propietarios anteriores, historial de mantenimiento o cumplimiento de requisitos regulatorios.

Las plataformas digitales añaden otra dimensión. Estos mercados han facilitado el acceso legítimo a equipos nuevos, usados y reacondicionados y permiten conectar compradores y vendedores de distintos países con mayor rapidez. Al mismo tiempo, multiplican las vías por las que la maquinaria puede circular internacionalmente, lo que aumenta la importancia de contar con mecanismos adecuados de trazabilidad.

De los medicamentos a los alimentos

La amplitud del mercado explica la dificultad de vigilar estos productos. Las prensas para tabletas y las máquinas encapsuladoras, por ejemplo, son fundamentales para la producción farmacéutica, mientras que evaporadores, condensadores y recipientes de reacción se utilizan ampliamente en laboratorios, industrias químicas y centros de investigación.

Otros sectores son menos evidentes. La industria de suplementos utiliza maquinaria similar a la farmacéutica para producir vitaminas, minerales y otros productos en tabletas o cápsulas, mientras que algunas fábricas de dulces emplean prensas para elaborar caramelos comprimidos. En el sector alimentario, determinados equipos sirven para concentrar extractos y esencias, elaborar ingredientes o controlar la temperatura de productos como miel, aceites y grasas.  

El tamaño de estos mercados también es considerable. Las estimaciones recopiladas por la JIFE sitúan el mercado mundial de máquinas encapsuladoras en unos 2780 millones de dólares, el de equipos de mezcla en 2500 millones y el de prensas para tabletas en 1600 millones, lo que refleja la enorme circulación legítima de maquinaria que también puede tener un uso ilícito. 

La impresión 3D abre un nuevo desafío

La JIFE también advierte sobre una tendencia emergente: la impresión 3D. Esta tecnología ya permite fabricar determinados componentes de equipos, incluidas algunas piezas de prensas para tabletas, utilizando dispositivos relativamente económicos y archivos digitales.

Por ahora, los intentos de producir tabletas ilícitas con equipos fabricados mediante impresión 3D se han limitado a diseños básicos y de baja capacidad, muy lejos del rendimiento de la maquinaria industrial. Sin embargo, los avances en impresión con metales, resistencia de materiales y precisión mecánica podrían permitir fabricar componentes más sofisticados en el futuro. 

Esto plantea un desafío particular para los sistemas de control tradicionales, que dependen de vigilar el comercio internacional, las ventas y el movimiento físico de las máquinas. La fabricación a partir de archivos digitales podría permitir producir determinadas piezas localmente, sin que estas tengan que atravesar una frontera o una cadena comercial convencional.

Más cooperación con el sector privado

La JIFE considera que la respuesta pasa por reforzar la cooperación entre los gobiernos y las empresas que participan en cada etapa de la cadena, desde la fabricación y distribución hasta la reventa y eliminación definitiva de los equipos.

El propósito no es restringir maquinaria utilizada diariamente por industrias legítimas, sino mejorar la visibilidad y trazabilidad de su circulación para detectar posibles desvíos. La publicación constituye así un primer paso de una iniciativa más amplia para ayudar a las autoridades nacionales a trabajar con el sector privado y encontrar un equilibrio entre facilitar el comercio legítimo y reducir las oportunidades para la fabricación ilícita de drogas.

Source of original article: United Nations (news.un.org). Photo credit: UN. The content of this article does not necessarily reflect the views or opinion of Global Diaspora News (www.globaldiasporanews.net).

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