Karipbek Kuyukov nació sin brazos después de que sus padres vivieran durante décadas a la sombra de las explosiones nucleares de Semipalatinsk, en su Kazajstán natal. A miles de kilómetros de distancia, en Nuevo México, Tina Cordova pertenece a una familia en la que cinco generaciones han sufrido cáncer después de que la primera prueba de una bomba nuclear de la historia se experimentase allí en 1945. Sus historias confluyeron este lunes en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York con un mismo mensaje: ninguna nueva generación debería volver a sufrir las consecuencias de los ensayos nucleares.
Kuyukov, artista y activista antinuclear que pinta sosteniendo el pincel con los labios y los pies, participó junto con diplomáticos, científicos, sobrevivientes y jóvenes en una caminata simbólica antes de una reunión de alto nivel de la Asamblea General con motivo del Día Internacional contra los Ensayos Nucleares. El recorrido terminó frente a una fotografía de personas que reclamaban el cierre del polígono de Semipalatinsk, donde se realizaron 456 ensayos nucleares entre 1949 y 1989 y cientos de miles de habitantes de las zonas cercanas estuvieron expuestos a elevados niveles de radiación.
“Me gustaría contar nuestra historia, la historia de Kazajstán”, dijo Kuyukov a Noticias ONU. “Mis padres fueron testigos directos de aquellas pruebas. Y, como resultado, nací sin brazos”. Su testimonio refleja unas consecuencias que, según el relato de los sobrevivientes, no terminaron con las últimas explosiones, sino que se han prolongado dentro de las familias a través de generaciones.
Karipbek Kuyukov, artista y activista de Kazajistán, junto a una fotografía de manifestantes que exigen el cierre del polígono de pruebas nucleares de Semipalatinsk.
Un movimiento que consiguió silenciar las explosiones
Kuyukov tenía 20 años cuando el poeta kazajo Olzhas Suleimenov lanzó el movimiento antinuclear Nevada-Semipalatinsk. “Toda la nación se levantó contra este monstruo, contra el polígono de Semipalatinsk”, recordó. La movilización trascendió las fronteras de Kazajstán y reunió a personas afectadas por pruebas nucleares en diferentes lugares del planeta. Kuyukov recuerda haber protestado junto con un líder del pueblo shoshone, cuyas tierras se encuentran cerca del sitio de ensayos estadounidense de Nevada, y haber participado en manifestaciones pacíficas con activistas de la Polinesia Francesa, donde Francia realizó pruebas en el atolón de Mururoa, y de Japón.
El 29 de agosto de 1991, Semipalatinsk fue clausurado, una fecha que posteriormente la Asamblea General, por iniciativa de Kazajstán, proclamó Día Internacional contra los Ensayos Nucleares. Este año se cumplen 35 años de aquel cierre. “Puedo decir con orgullo que mi país, Kazajstán, comenzó su camino hacia la soberanía precisamente con aquella decisión pacífica”, afirmó Kuyukov, quien considera que la experiencia de su país puede servir de ejemplo para otros.
La alta representante de las Naciones Unidas para Asuntos de Desarme, Izumi Nakamitsu, recordó que el silencio que llegó a Semipalatinsk hace 35 años “no ocurrió por casualidad”, sino gracias a la determinación de personas, comunidades y dirigentes que rechazaron las pruebas nucleares. El representante permanente de Kazajstán ante las Naciones Unidas, Kairat Umarov, resumió el significado de la caminata como una manera sencilla pero poderosa de recordar que “cada paso hacia el desarme importa”.
El aniversario coincide además con los 30 años de la apertura a la firma del Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares. Robert Floyd, secretario ejecutivo de la organización encargada del tratado, recordó a los jóvenes participantes que el desarme es un proceso que atraviesa generaciones y que llegará el momento en que serán ellos quienes ocupen los espacios donde se toman las decisiones.
El polígono de pruebas de Semipalatinsk, en Kazajistán, donde la URSS realizó ensayos de armas nucleares.
“Nunca nos advirtieron”
Las conmemoraciones llegan, sin embargo, en un contexto de renovada preocupación. Durante la reunión posterior de la Asamblea General, Nakamitsu advirtió que, en medio de profundas tensiones geopolíticas, han reaparecido los temores sobre una posible reanudación de los ensayos con explosiones nucleares. La responsable de desarme recordó el mensaje del Secretario General: “El mundo nunca debe volver a presenciar una explosión nuclear”.
La presidenta de la Asamblea General, Annalena Baerbock, destacó que las consecuencias de estas explosiones no conocen fronteras y que, en un mundo interconectado, no existe realmente una región remota que pueda considerarse inmune a los efectos o peligros de los ensayos nucleares. Las historias de quienes estuvieron expuestos décadas atrás muestran precisamente cómo esas consecuencias pueden continuar mucho después de que termine una prueba.
Entre quienes llevaron esa experiencia a la Asamblea estuvo Tina Cordova, sobreviviente de cuarta generación de la prueba Trinity de 1945 en Nuevo México. Cordova recordó que su comunidad fue la primera población expuesta a la radiación de una explosión nuclear y que, mientras las cenizas caían del cielo durante los días posteriores, sus habitantes nunca fueron advertidos del peligro, ni antes ni después de la prueba. Sin conocer el riesgo, continuaron viviendo de la tierra como siempre lo habían hecho.
“Estoy aquí para hablar por las muchas personas cuyas voces fueron silenciadas, que claman desde sus tumbas”, dijo Cordova, quien describió cinco generaciones de cáncer en su propia familia. Tras más de ocho décadas de consecuencias, dirigió una petición a los delegados: “Después de 81 años, es hora de liberar a nuestras familias, a nuestros hijos y a nuestros nietos de la amenaza nuclear”.
Para Kuyukov, esa responsabilidad pertenece ahora también a quienes heredarán el mundo. Ver a jóvenes sumarse a los movimientos contra las armas nucleares le recuerda que, en las guerras, son los niños inocentes quienes sufren primero. “El futuro está en sus manos. Ellos también deben garantizar un mundo seguro para la próxima generación”, afirmó. Su generación, añadió, puede compartir la experiencia adquirida porque ya conoce el poder que puede tener la movilización colectiva.
En un momento que el propio activista considera peligrosamente tenso, su mensaje a los dirigentes mundiales es dejar atrás los agravios y errores del pasado y avanzar hacia la reconciliación. Para Kuyukov, el camino hacia un mundo basado en la bondad, la compasión y la misericordia solo puede recorrerse conjuntamente y mostrando a las nuevas generaciones que cada paso hacia el desarme importa.
Source of original article: United Nations (news.un.org). Photo credit: UN. The content of this article does not necessarily reflect the views or opinion of Global Diaspora News (www.globaldiasporanews.net).
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