Mañana se cumplen tres años del estallido del conflicto en Sudán, y el balance no es solo de destrucción, sino de fracaso colectivo. Lo que comenzó como una disputa por el poder se ha transformado en la mayor crisis humanitaria del planeta: 34 millones de personas, casi dos de cada tres sudaneses, requieren asistencia urgente, mientras el hambre, la violencia sexual sistémica y el colapso de los servicios básicos erosionan el tejido mismo de la nación.

Economía devastada

Los números son fríos pero dibujan un panorama desolador. Según un informe conjunto del PNUD y el Instituto de Estudios de Seguridad, Sudán perdió 6400 millones de dólares en PIB solo en 2023, y los ingresos promedio han retrocedido a niveles de 1992. 

Si el conflicto se prolonga hasta 2030, la pobreza extrema podría superar el 60% de la población, 52 millones de personas, es decir, 34 millones más de los que estarían en esa situación sin guerra. 

“No estamos ante una crisis coyuntural, sino ante la erosión sistemática del futuro de un país”, advierte Luca Renda, representante del PNUD en Sudán.

La infancia, reflejo de un fracaso colectivo

La población infantil paga el precio más alto. UNICEF reporta que, solo en el primer trimestre de 2026, al menos 160 niños fueron asesinados y 85 mutilados, un aumento del 50% respecto al mismo periodo de 2025. Más de cinco millones de menores han sido desplazados, a menudo en múltiples ocasiones, y ocho millones permanecen fuera del sistema educativo. 

El 78% de las víctimas infantiles se atribuye a ataques con drones, una modalidad de guerra que está redefiniendo la brutalidad del conflicto. “No hay justificación para la violencia contra la infancia“, afirmó Catherine Russell, directora ejecutiva de UNICEF. “Refleja un fracaso colectivo de las partes en conflicto”.

Se descargan sacos de grano de trigo en el campamento de Daba Naira en Tawila, Darfur.

El sistema sanitario se desmorona

La salud pública se desmorona. La OMS confirma que el 37% de los centros sanitarios del país no funcionan, y ha verificado 217 ataques contra instalaciones médicas desde abril de 2023, con más de 2.000 muertes. 

Brotes de cólera, sarampión, dengue y polio se extienden mientras la desnutrición aguda afecta a 4,2 millones de niños. “El sistema de salud ha sido paralizado, dejando a millones sin atención esencial”, declaró el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus. “La mejor medicina es la paz”.

La violencia sexual cómo arma de guerra

En paralelo, la violencia sexual se ha consolidado como arma de guerra. Según ONU Mujeres, el número de personas que requieren apoyo por violencia sexual se ha cuadruplicado, con mujeres y niñas sometidas a abusos brutales y sistemáticos, particularmente en Darfur y Kordofan. 

Esta estrategia de terror no solo destruye cuerpos, sino que busca desintegrar comunidades enteras.

Desplazamiento masivo

El desplazamiento masivo agrava la presión regional. Casi nueve millones de personas están desplazadas internamente, y 4,5 millones han cruzado fronteras hacia Chad, Sudán del Sur, Egipto y Libia. La OIM advierte que los movimientos de retorno, casi cuatro millones de personas, no implican estabilidad: muchas familias regresan a hogares destruidos, sin agua potable, servicios básicos ni medios de vida, dependiendo enteramente de la ayuda humanitaria.

A pesar de los esfuerzos, la respuesta internacional está críticamente por debajo de lo necesario. UNICEF ha recibido solo el 16% de los 62,9 millones de dólares que necesita para 2026. La OIM solicita 277 millones para asistir a poblaciones vulnerables en Sudán y países vecinos. “Las necesidades superan nuestra capacidad de respuesta, y esa brecha se mide en vidas humanas“, afirmó Amy Pope, directora general de la OIM.

Detener la guerra permitiría la recuperación económica

¿Existe una salida? El informe del PNUD plantea un escenario alternativo, “Sudán Emergente”: si se restaura la paz y se impulsan reformas en gobernanza, agricultura, salud y educación, el PIB podría alcanzar 58.200 millones de dólares para 2043, con un crecimiento promedio del 5% anual y 17,3 millones de personas sacadas de la pobreza extrema.

 Pero este camino requiere, como condición indispensable, el cese inmediato de las hostilidades y un compromiso internacional sostenido.

La encrucijada es clara. Cada mes de conflicto adicional encarece y dificulta la recuperación. 

Como señaló Tom Fletcher, coordinador de Emergencias de la ONU: “Necesitamos acción ahora: detener la violencia, proteger a la población civil, garantizar acceso humanitario y financiar la respuesta”. 

Sudán no es solo una tragedia humanitaria; es una prueba moral para la comunidad internacional. Hasta ahora, el mundo está desaprobando. La pregunta que queda es si, ante el abismo, habrá voluntad política para cambiar el rumbo antes de que sea demasiado tarde.

Source of original article: United Nations (news.un.org). Photo credit: UN. The content of this article does not necessarily reflect the views or opinion of Global Diaspora News (www.globaldiasporanews.net).

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