La combinación de sequías persistentes y temperaturas estivales récord está acelerando el deterioro de los bosques de Europa y Norteamérica, donde la falta de agua se suma al riesgo de incendios, la propagación de plagas y enfermedades y otros efectos que amenazan la capacidad de estos ecosistemas para resistir un clima cada vez más extremo.

La Comisión Económica de las Naciones Unidas para Europa (CEPE) advierte que estas presiones no afectan únicamente a los grandes espacios forestales. Los árboles de las ciudades también están sufriendo las consecuencias de la escasez de agua y del intenso calor urbano, poniendo en riesgo una infraestructura natural que ayuda a reducir las temperaturas, mejorar la calidad del aire y proteger el bienestar de las personas.

La situación es especialmente preocupante en Europa. Según datos citados por la CEPE del Observatorio Europeo de la Sequía, el 50% del territorio de la Unión Europea y el Reino Unido se encuentra actualmente bajo condiciones de sequía, ya sea en niveles de vigilancia, advertencia o alerta. Los graves déficits de precipitaciones están reduciendo la humedad del suelo y comprometiendo la salud de los bosques.

En algunas zonas de Europa occidental y central, la falta prolongada de lluvias ha alcanzado niveles históricos. Determinadas regiones atraviesan sus déficits anuales de precipitaciones más prolongados y persistentes en más de seis décadas, una situación que ya está provocando pérdida de hojas y daños en las copas de los árboles.

Sequía, plagas e incendios golpean al mismo tiempo

La falta de agua no actúa de manera aislada. El estrés provocado por el calor y la sequía coincide con un mayor riesgo de incendios forestales y con otras amenazas, como brotes agresivos de escarabajos de la corteza y enfermedades que afectan a las plantas. La combinación de estos factores está provocando una pérdida de árboles a una escala excepcional en distintas partes de la región.

El problema se suma a una presión que ya era considerable. Datos de referencia de la CEPE correspondientes a 2025 indican que los insectos, las enfermedades y los fenómenos meteorológicos han llegado a afectar hasta 73 millones de hectáreas de bosques en la región.

Las ciudades tampoco escapan a esta situación. Allí, los árboles deben hacer frente simultáneamente a la escasez de agua y al llamado efecto de isla de calor urbana, por el que las zonas densamente construidas registran temperaturas más altas que sus alrededores. El deterioro del arbolado urbano puede reducir, a su vez, la capacidad de las ciudades para moderar el calor extremo.

Esta pérdida resultaría especialmente problemática en un contexto de temperaturas crecientes, ya que los árboles y otras soluciones basadas en la naturaleza forman parte de las herramientas utilizadas por las ciudades para generar sombra, moderar las temperaturas y contribuir a una mejor calidad del aire.

Preparar los bosques para un clima más extremo

Ante el aumento de estos riesgos, los países de la región están tratando de pasar de responder a las crisis una vez que ocurren a prepararse para ellas a largo plazo. Una de las prioridades es mejorar la información disponible sobre los daños causados tanto por fenómenos como sequías, tormentas e incendios como por plagas y otros agentes biológicos.

Los países trabajan en nuevas metodologías para registrar y compartir esos daños, con el objetivo de detectar con mayor rapidez los cambios que experimentan los bosques y facilitar respuestas de política pública. Estas iniciativas serán abordadas en noviembre durante una reunión del Comité de Bosques y de la Industria Forestal de la CEPE.

En las ciudades, algunas de las medidas apuntan a ampliar y hacer más resistente la cobertura arbórea e integrar la infraestructura verde en la planificación urbana. La CEPE también promueve cambios en el sector forestal, entre ellos un mayor aprovechamiento circular de la madera y un uso más eficiente de los productos forestales, ante la posibilidad de que las alteraciones de los bosques afecten la disponibilidad de materias primas.

La cooperación entre países y una gestión de los bosques que tenga en cuenta el conjunto del paisaje serán igualmente importantes para afrontar amenazas que no se detienen en las fronteras. El objetivo, según la CEPE, es preservar tanto la integridad ecológica de los bosques como su viabilidad económica frente a unas condiciones climáticas cada vez más exigentes.

Source of original article: United Nations (news.un.org). Photo credit: UN. The content of this article does not necessarily reflect the views or opinion of Global Diaspora News (www.globaldiasporanews.net).

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