La ONU advirtió este viernes que el terremoto en Colombia puede agravar el riesgo de reclutamiento infantil en Chocó y Valle del Cauca, donde miles de niños permanecen fuera de la escuela en zonas donde operan grupos armados ilegales.
El sismo afectó a más de 3800 centros educativos y ha afectado la educación de más de un millón de estudiantes. Cerca de 178.000 estudian en sedes que sufrieron daños estructurales graves.
La coordinadora residente de Naciones Unidas en Colombia, María José Torres Macho, recordó que el reclutamiento de niños ya era un problema en esas zonas antes de la emergencia.
“Nos preocupa que la situación de los niños fuera de la escuela pueda exacerbar este problema”, señaló durante una conferencia de prensa.
En Chocó, algunas escuelas rurales quedaron completamente destruidas, otras sufrieron colapsos parciales y varias permanecen en riesgo de colapso. En Risaralda y Caldas también continúan las evaluaciones para determinar qué centros pueden reabrir de manera segura.
Para Naciones Unidas, restablecer las clases es una prioridad no solo para garantizar la continuidad de la educación, sino también para devolver a los niños a espacios de protección.
Infraestructura en Quibdó, Chocó, afectada por el terremoto de magnitud 7,4 que azotó Colombia.
Una emergencia en zonas ya golpeadas por el conflicto
El terremoto de magnitud 7,4 del pasado 10 de agosto ha dejado hasta ahora 331 muertos, 4449 heridos y 219 desaparecidos. Más de 406.000 personas han resultado afectadas en 15 departamentos y 496 municipios.
Muchas de las zonas más golpeadas enfrentaban ya altos niveles de pobreza, aislamiento y violencia armada.
“Las zonas más afectadas son también las más vulnerables”, señaló Torres Macho, y explicó que el conflicto preexistente está dificultando el doble trabajo de responder a la emergencia y avanzar en la recuperación y la reconstrucción.
En Chocó, Naciones Unidas todavía no dispone de información completa sobre las necesidades de algunas comunidades rurales, especialmente afrocolombianas e indígenas. Los daños en las carreteras, las dificultades para desplazarse por algunos ríos y los problemas de electricidad y conectividad están obstaculizando tanto las evaluaciones como la llegada de asistencia.
A los efectos del terremoto se suman además nuevos desplazamientos relacionados con el conflicto. En Sipí, Chocó, unas 95 personas afrocolombianas fueron desplazadas de la comunidad de Charco Hondo y existe el riesgo de que la situación se extienda a otras dos comunidades.
Torres Macho destacó el papel de las autoridades locales y de las propias organizaciones indígenas y afrocolombianas, que han estado entre los primeros en responder en las zonas más aisladas. Sin embargo, advirtió que algunos municipios tienen capacidades limitadas y están desbordados por la magnitud de la emergencia.
Desde el 10 de Agosto, el sistema de la ONU y sus socios humanitarios han atendido a unas 72.000 personas en 36 municipios de Chocó, Valle del Cauca, Risaralda y Caldas, con alimentos, agua, atención médica, medicamentos, alojamiento, apoyo psicosocial y servicios de protección y educación.
Continúan las labores de respuesta en Colombia tras el terremoto de magnitud 7,4. En el barrio Lleras, Buenaventura, más de 54 viviendas han sido destruidas o corren riesgo de derrumbarse.
Faltan recursos para sostener la respuesta
Tras el terremoto, Naciones Unidas actualizó su plan humanitario y calcula que 1,2 millones de personas necesitan asistencia. Dentro de ese grupo, unas 127.000 han sido identificadas como prioritarias para la respuesta. El plan requiere 148,1 millones de dólares, incluidos 82,2 millones para las necesidades consideradas más urgentes.
Hasta ahora, los donantes han movilizado más de 40 millones de dólares, a los que se suman cinco millones del Fondo Central para la Acción en Casos de Emergencia de Naciones Unidas.
“Esto representa más o menos el 40% de las necesidades urgentes”, explicó la representante.
Entre las necesidades más urgentes están la vivienda, la atención médica, los medicamentos, el agua potable, la educación y la recuperación de los medios de vida.
En algunos lugares, los recursos disponibles ya comienzan a agotarse. En Caldas, por ejemplo, la entrega de alimentos y artículos de higiene se ha sostenido parcialmente gracias a donaciones, pero esas existencias se están terminando y no hay capacidad suficiente para mantener las próximas distribuciones.
También persisten problemas en los alojamientos temporales. De los evaluados en Chocó, Risaralda, Valle del Cauca y Caldas, el 33% presenta necesidades de saneamiento e higiene, el 31% tiene problemas de acceso al agua y el 22% necesita alimentos.
Torres Macho señaló además que la respuesta deberá avanzar cuanto antes hacia la recuperación y la reconstrucción, especialmente en comunidades que ya eran vulnerables antes del terremoto.
“Es muy importante apoyar también a los municipios, para que haya planificación urbana y no reproduzcamos la vulnerabilidad y terminemos creando otro desastre”.
Source of original article: United Nations (news.un.org). Photo credit: UN. The content of this article does not necessarily reflect the views or opinion of Global Diaspora News (www.globaldiasporanews.net).
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