Seis palestinos murieron en ataques aéreos israelíes en Cisjordania entre 2008 y octubre de 2023. Después, otros 254 perdieron la vida en menos de tres años. Esta comparación resume por sí sola la transformación del territorio palestino ocupado desde el comienzo de la guerra en Gaza. Sin embargo, para la Comisión Internacional Independiente de Investigación, creada en 2021 por el Consejo de Derechos Humanos de la ONU para investigar las violaciones cometidas en el territorio palestino ocupado, la escalada militar oculta una política destinada a expulsar a los palestinos de sus tierras.

La Comisión acusa a Israel de cometer en Cisjordania crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad, entre ellos exterminio, persecución, tortura, violación y otras formas de violencia sexual. Considera que las operaciones militares israelíes y los ataques reiterados de los colonos constituyen una política sistemática de violencia y desplazamiento forzoso contra la población civil palestina, destinada a ampliar el control israelí sobre los territorios ocupados.

“Los asesinatos y las lesiones infligidas deliberadamente a civiles palestinos, así como la destrucción de sus viviendas en Cisjordania, junto con la persistente negativa de Israel a asumir su responsabilidad, forman parte de una estrategia más amplia destinada a exterminar y desplazar a los palestinos e imponerles unas condiciones de vida insoportables”, declaró el lunes Srinivasan Muralidhar, presidente de la Comisión, en un comunicado.

Una violencia que se ha vuelto sistemática

Según los investigadores, las autoridades israelíes no se han limitado a tolerar la violencia de los colonos. Su comportamiento indica que pretendían integrar estos actos en las operaciones militares, como parte de un ataque coordinado contra la población palestina.

Los niños son uno de los grupos especialmente afectados. La Comisión acusa a las fuerzas israelíes de matar deliberadamente a menores e infligirles graves lesiones físicas y traumas psicológicos. Califica estos actos de persecución por motivos de edad.

Las violencias sexuales, incluidas las violaciones y las agresiones contra la capacidad reproductiva, también formarían parte de una estrategia destinada a someter, desestabilizar y desplazar a la población palestina.

Las consecuencias territoriales son considerables. Desde enero de 2025, las operaciones militares israelíes han provocado el mayor desplazamiento de población palestina en Cisjordania desde la guerra de 1967. En agosto de 2026, 34.176 personas seguían desplazadas, según la Comisión.

El pasado viernes, una operación israelí en Hebrón provocó el desplazamiento forzoso de más de 2000 palestinos, según el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos. En una declaración publicada este lunes, Volker Türk denunció la demolición de viviendas y comercios durante la operación, así como el cierre de varios barrios, que dejó a numerosos residentes confinados en sus hogares.

Türk calificó estas medidas de “punitivas” y destinadas a infundir miedo, especialmente a la luz de las declaraciones de altos cargos israelíes.

“Los castigos colectivos constituyen una grave violación del derecho internacional”, recordó Türk.

La amenaza de una “limpieza étnica”

Esta operación refuerza las preocupaciones expresadas el lunes por António Guterres. Durante una visita a El Cairo, el Secretario General de la ONU denunció la expansión de los asentamientos israelíes, las expulsiones constantes y el aumento de las agresiones contra familias palestinas, periodistas y diplomáticos.

“Estamos asistiendo a la creación de un entorno cada vez más coercitivo, en el que la amenaza de una limpieza étnica se hace cada vez más patente”, advirtió.

Para la Comisión, esta evolución se inscribe en una continuidad histórica que se remonta a la guerra de 1947-1948. Los investigadores consideran que la voluntad de Israel de ampliar su territorio y, al mismo tiempo, reducir la presencia palestina constituye uno de los factores fundamentales del conflicto.

Israel rechaza categóricamente estas acusaciones. Según la prensa, la misión diplomática israelí en Ginebra denunció el lunes una campaña de desinformación destinada a demonizar al país y presentar su propia existencia como un acto criminal.

En Gaza, el alto el fuego no es suficiente

Un año después de concluir, bajo la presidencia de la jurista sudafricana Navi Pillay, galardonada con el Premio Nobel de la Paz de 2026, que Israel estaba cometiendo un genocidio en Gaza, la Comisión mantiene sus acusaciones.

Según este órgano independiente, las fuerzas israelíes siguen cometiendo actos genocidas pese al alto el fuego de octubre de 2025. La ampliación del control territorial israelí expone especialmente a los civiles que se acercan a la denominada “línea amarilla” o la cruzan. Se trata de una frontera de facto dentro del enclave palestino que delimita las posiciones militares israelíes.

Las comisiones de investigación independientes no son órganos judiciales y sus conclusiones no constituyen una sentencia. No obstante, podrían contribuir a futuras actuaciones judiciales internacionales.

El informe tampoco exime de críticas a la Autoridad Palestina, a la que acusa de reprimir las voces disidentes y de no investigar adecuadamente los actos de violencia cometidos por sus fuerzas de seguridad.

Por último, la Comisión reclama el fin inmediato de la ocupación israelí, el desmantelamiento de los asentamientos y la devolución de las tierras confiscadas, de conformidad con la opinión consultiva emitida en julio de 2024 por la Corte Internacional de Justicia (CIJ).

En El Cairo, António Guterres reiteró que no será posible alcanzar una paz duradera sin reconocer el derecho del pueblo palestino a la libre determinación. Sin embargo, las conclusiones de los investigadores independientes ponen de relieve una contradicción cada vez mayor entre la diplomacia internacional, que sigue defendiendo la solución de dos Estados, y las transformaciones impuestas sobre el terreno, que amenazan cada día más con hacerla inviable.

Source of original article: United Nations (news.un.org). Photo credit: UN. The content of this article does not necessarily reflect the views or opinion of Global Diaspora News (www.globaldiasporanews.net).

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