En el corazón de Manhattan, en la ciudad de Nueva York, los efectos del cambio climático son cada vez más visibles. Central Park, uno de los parques más fotografiados del mundo, está sufriendo aguaceros más intensos, inundaciones y erosión del suelo, mientras que las olas de calor prolongadas ejercen presión sobre el ecosistema y los visitantes.
Pero el parque también ayuda a Nueva York a hacer frente al calor. Contribuye a enfriar la ciudad, limpiar el aire, capturar el agua de lluvia y ofrece a la gente un lugar para escapar del calor bajo los árboles. La temperatura en el parque puede ser unos 5 °C inferior a la de las calles circundantes, según el Laboratorio para el Clima de Central Park.
“Central Park y los parques urbanos son mucho más que espacios recreativos: son infraestructuras verdes urbanas vitales”, afirmó Yanina Kupava, directora de la organización no lucrativa Central Park Conservancy, encargada de su conservación.
Noticias ONU visitó Central Park en un caluroso día de verano, unas semanas antes de que los líderes mundiales se reúnan en la sede de la ONU para el Debate General de la Asamblea General. Mientras los políticos y los expertos debaten cómo pueden adaptarse las ciudades a un planeta en calentamiento, algunas de esas soluciones ya pueden verse a pocas manzanas de distancia, en el parque.
Plantas para un nuevo clima
Si el principal desafío en la década de 1980 era restaurar el parque, que había sufrido años de abandono tras la crisis fiscal de los años 70, hoy la prioridad es preservar su paisaje histórico frente al cambio climático.
Los famosos paseos de manzanos silvestres del parque, por ejemplo, se han convertido en uno de sus espectáculos más bellos en primavera, cuando las ramas se cubren de flores blancas, rosas y moradas. El personal del parque afirma que el entorno es tan romántico que el número de propuestas de matrimonio allí es “alucinante”.
Pero los inviernos demasiado cálidos podrían impedir que los manzanos silvestres florezcan por completo, mientras que los períodos de clima cálido en febrero pueden hacer que las magnolias y los cerezos florezcan demasiado pronto.
“Si florecen demasiado pronto, una helada tardía puede afectar realmente a los árboles”, explicó Kupava. “Y si los inviernos son cada vez más suaves, esos árboles podrían tener problemas para florecer y polinizar”.
Estar situado en medio de una gran metrópolis ejerce una presión adicional sobre las plantas y la vida salvaje del parque. Nueva York, como otras zonas urbanas densamente edificadas, se calienta más rápido y retiene el calor durante más tiempo que las zonas suburbanas y rurales de los alrededores.
Central Park Conservancy busca por ello variedades de plantas que puedan estar mejor adaptadas al nuevo clima y está experimentando con plantas de diferentes zonas climáticas. El desafío es delicado: adaptar un paisaje concebido en el siglo XIX a las condiciones del siglo XXI sin que Central Park pierda el carácter que lo ha hecho reconocible en todo el mundo.
La gente pasea en bicicleta por Central Park en la ciudad de Nueva York.
“Ni una hoja se desperdicia”
En un sitio de trabajo en la parte norte del parque, montones de hojas, malas hierbas y otros materiales vegetales, incluidos residuos de alimentos de las instalaciones del personal, se convierten ahora en abono.
Se utiliza para dar a las plantas la fuerza necesaria para hacer frente a las condiciones climáticas cambiantes. También se utiliza para enriquecer la tierra de los jardines, ayudar a restaurar los céspedes muy transitados y reducir la escorrentía superficial durante las fuertes lluvias.
“Queremos que todo ese maravilloso material se quede en el parque para que esos nutrientes vuelvan al suelo“, afirmó Kupava.
Central Park Conservancy tiene ahora previsto ampliar el sitio para que pueda procesarse aún más material, manteniendo el máximo posible fuera de los vertederos.
Yanina Kupava es directora de Central Park Conservancy.
Ahorrando cada gota
La conservación del agua es otra prioridad. Nuevas infraestructuras subterráneas permitirán que el agua circule entre los cuerpos de agua de la sección norte de Central Park, eliminando la necesidad de seguir bombeando agua potable al sistema.
“No será algo muy visible para el público, pero el ahorro de agua para la ciudad será inmenso“, afirmó Kupava.
Al mismo tiempo, Central Park Conservancy está sustituyendo gradualmente la maquinaria de gasolina y diésel por alternativas eléctricas, desde pequeñas herramientas motorizadas hasta cortacéspedes, tractores e incluso compactadores de basura más grandes. Los equipos que funcionan no se descartan simplemente, pero se consideran alternativas eléctricas a medida que la maquinaria necesita ser reemplazada y las tecnologías adecuadas están disponibles.
Una abeja poliniza una flor en Central Park.
Una lección para las ciudades de todo el mundo
Aunque la labor de esta organización se centra en un solo parque, su historia ofrece lecciones que van mucho más allá de Nueva York.
Más de la mitad de la población mundial vive ya en ciudades, y se espera que en 2050 esta cifra se acerque al 70 %. A medida que aumentan las temperaturas y los riesgos de inundaciones, los espacios verdes urbanos son cada vez más importantes.
“Creo que lo que otras ciudades pueden aprender es que la inversión a largo plazo en su infraestructura verde es fundamental. Ayuda a las ciudades a tener un mejor medio ambiente en el día a día, pero también les ayuda a estar preparadas para los futuros cambios climáticos y medioambientales”, afirmó Kupava.
Source of original article: United Nations (news.un.org). Photo credit: UN. The content of this article does not necessarily reflect the views or opinion of Global Diaspora News (www.globaldiasporanews.net).
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