La desnutrición infantil ha alcanzado niveles críticos en 12 provincias de Afganistán, alrededor de un tercio del país, mientras los recortes de financiación obligan a reducir programas de alimentación y tratamiento justo cuando más se necesitan. El Programa Mundial de Alimentos (PMA) advierte que la situación seguirá deteriorándose durante los próximos meses si no se amplía urgentemente la asistencia.

La alerta nutricional más reciente muestra que la situación empeoró en 26 de las 34 provincias respecto de 2025, incluso antes del periodo en el que la desnutrición suele alcanzar su punto máximo, entre julio y septiembre. En total, se prevé que 3,7 millones de niños sufran desnutrición aguda en 2026, junto con 1,2 millones de mujeres embarazadas y lactantes.

La preocupación fue reforzada este martes por la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA). Sus responsables señalaron que la emaciación infantil ha empeorado este año en más de tres cuartas partes del país y que demasiados niños llegan a los centros sanitarios cuando ya padecen desnutrición grave. Otros ni siquiera consiguen acceder al tratamiento debido a las grandes distancias, el terreno difícil y las carreteras dañadas en algunas de las provincias más remotas.

El hambre llega incluso en época de cosecha

La desnutrición infantil suele aumentar en Afganistán durante el verano y comienzos del otoño debido al incremento de enfermedades transmisibles, las malas condiciones de agua y saneamiento, la reducción del acceso a los servicios de nutrición y la inseguridad alimentaria. Este año, sin embargo, muchos niños ya estaban pasando hambre incluso durante los meses de mayor disponibilidad de alimentos.

La inseguridad alimentaria entre los niños aumentó del 40% en el tercer trimestre de 2025 al 47% en el primer trimestre de 2026, y está estrechamente relacionada con los casos de desnutrición aguda. El panorama es especialmente preocupante entre los menores de dos años: cerca del 90% vive con inseguridad alimentaria y aproximadamente la mitad se encuentra en pobreza alimentaria severa.

“Los débiles llantos de bebés desnutridos persiguen las clínicas de salud de Afganistán, mientras madres preocupadas, muchas de ellas debilitadas por el hambre, llevan a sus hijos desesperadas por recibir tratamiento”, afirmó el director del PMA en el país, John Aylieff. “Estamos viendo cómo la próxima generación se consume a pesar de que estamos en época de cosecha, una época de abundancia. No solo es desgarrador, es inaceptable”, añadió.

Los más pequeños, entre los más afectados

Los niños menores de dos años concentran una proporción desmedida de los casos más graves. Según la alerta, representan el 83% de los casos de desnutrición aguda severa y el 77% de los casos de desnutrición aguda moderada. Cerca del 40% de los bebés menores de seis meses ingresados en hospitales presentan desnutrición severa acompañada de complicaciones médicas.

De los 3,7 millones de niños que podrían sufrir desnutrición aguda este año, unos 942.000 presentarían casos severos, mientras que más de 700.000 tendrían formas moderadas consideradas de alto riesgo. La alerta advierte que, sin una rápida ampliación de las intervenciones preventivas y del tratamiento, la situación podría empeorar todavía más durante el resto de 2026.

La historia de Sediqa refleja la situación de muchas familias. Madre de siete hijos, recoge suplementos nutricionales del PMA para dos de sus hijas, de tres años y 18 meses. Su dieta familiar consiste principalmente en pan y té. “No tenemos otros alimentos”, explica. “No tenemos comida nutritiva como papas, arroz, frijoles o legumbres porque somos pobres”. Su esposo trabaja por jornadas y gana alrededor de tres dólares al día cuando consigue empleo y su estado de salud se lo permite. La mitad de ese dinero se destina al alquiler.

Menos clínicas y menos ayuda

La crisis se está agravando al mismo tiempo que disminuyen los servicios disponibles. En 2025 cerraron 142 centros de salud, lo que dejó a más de 13.000 niños sin tratamiento nutricional. Este año, los programas restantes también han sufrido escasez de productos especializados debido a los conflictos en Oriente Medio y al cierre de la frontera con Pakistán durante nueve meses.

Las interrupciones en las rutas de suministro dejaron a casi un millón de madres y niños sin servicios esenciales de nutrición durante cinco meses, según el PMA. A esto se suma una reducción del 31% de los centros que proporcionaban atención temprana para casos de desnutrición aguda moderada.

La falta de fondos afecta a toda la respuesta humanitaria. El plan para Afganistán requiere alrededor de 1700 millones de dólares, pero, entrado ya agosto, apenas ha recibido algo más del 26% de los recursos necesarios. OCHA calificó la situación de alarmante, especialmente porque indicadores como la desnutrición siguen deteriorándose mientras los programas de nutrición, salud y educación tienen que reducir sus actividades.

La financiación insuficiente también está obligando a reducir la distribución de alimentos. Entre abril y septiembre, se proyecta que 13,8 millones de personas enfrenten niveles graves de inseguridad alimentaria, pero entre mayo y julio el PMA pudo asistir únicamente al 5% de quienes necesitaban ayuda.

Solo uno de cada siete recibirá ayuda

Los déficits financieros también amenazan directamente el tratamiento. La alerta advierte que solo uno de cada siete niños y mujeres con desnutrición aguda podrá recibir asistencia del PMA este año. UNICEF, por su parte, enfrenta dificultades para financiar el tratamiento de 575.000 niños con desnutrición severa o moderada de alto riesgo, mientras que la OMS carece de recursos suficientes para atender a unos 35.000 niños con complicaciones médicas graves.

El PMA sostiene que la prevención sigue siendo la herramienta más eficaz, sostenible y económica para evitar que la situación empeore, pero actualmente no dispone de financiación para mantener esos programas. La agencia necesita 540 millones de dólares durante los próximos seis meses para ampliar la asistencia alimentaria y nutricional. “Afganistán ya atraviesa una de las crisis de desnutrición más severas y persistentes del mundo, y estas cifras podrían aumentar todavía más”, advirtió Aylieff.

Enfermedad, agua insegura y desnutrición se alimentan entre sí

La falta de una dieta adecuada no es el único factor detrás del deterioro. Las enfermedades, la baja cobertura de vacunación y el acceso limitado a agua potable y saneamiento también están aumentando el riesgo de desnutrición. Los casos de enfermedades diarreicas agudas aumentaron un 12% durante el primer trimestre de 2026 frente al mismo periodo del año anterior. Además, aunque la cobertura nacional de vacunación contra el sarampión alcanza el 83%, 14 provincias permanecen por debajo del objetivo del 80%.

A estas dificultades se suman sequías, inundaciones, terremotos y otros fenómenos que golpean repetidamente a familias que ya viven en condiciones precarias. OCHA señaló que muchas comunidades apenas tienen tiempo de recuperarse de una emergencia antes de afrontar la siguiente y que cada nuevo impacto las empuja aún más hacia la pobreza.

Aunque la seguridad ha mejorado en algunas partes del país, los responsables humanitarios advierten que seguridad no equivale necesariamente a seguridad humana: no coloca alimentos sobre la mesa, no reemplaza las cosechas perdidas tras una sequía ni acerca un médico a un niño desnutrido que vive en una comunidad remota. Para millones de afganos, la vida cotidiana sigue marcada por el hambre, la pobreza y la incertidumbre.

La alerta pide restaurar los servicios nutricionales en las provincias más afectadas, ampliar rápidamente las intervenciones preventivas, garantizar un suministro ininterrumpido de productos terapéuticos y acelerar las medidas de vacunación, agua, saneamiento e higiene. Sin estas acciones y sin una financiación suficiente, advierten las agencias, más niños y mujeres enfrentarán enfermedades, desnutrición severa y muertes que podrían prevenirse.

Source of original article: United Nations (news.un.org). Photo credit: UN. The content of this article does not necessarily reflect the views or opinion of Global Diaspora News (www.globaldiasporanews.net).

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