El mundo lleva años preparándose para ataques cibernéticos. Pero el próximo gran apagón digital podría no venir de hackers, sino de una tormenta solar, una ola de calor extrema, una erupción volcánica o un cable submarino roto en medio del océano. Un nuevo informe respaldado por Naciones Unidas advierte que, cuando eso ocurra, el mayor problema no será quedarse sin internet: será descubrir cuántas cosas dependen de él. 

“¿Qué pasaría si nuestros sistemas digitales fallaran?”, Doreen Bogdan-Martin, secretaria general de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) explicó a los periodistas en Ginebra. “En este momento no podríamos transmitir esta conferencia de prensa. Probablemente las luces de esta sala se apagarían… Los sistemas de pago dejarían de funcionar y las llamadas de emergencia tendrían dificultades para conectarse”. 

El informe* plantea una advertencia inquietante: la vida moderna depende de sistemas digitales tan profundamente interconectados que una sola interrupción puede desencadenar fallas en cascada a través de redes eléctricas, hospitales, bancos, transporte y comunicaciones. 

Y es que en el caso de un apagón digital, las consecuencias se sentirían de inmediato en casi todos los aspectos de la vida diaria: los hospitales podrían perder acceso a historiales médicos electrónicos y a sistemas para coordinar camas y ambulancias; los cajeros automáticos y pagos con tarjeta podrían fallar, dejando a personas sin efectivo y obligando a comercios a cerrar; las transacciones financieras podrían rechazarse, afectando importaciones y cadenas de suministro; aviones, barcos, vehículos autónomos y puertos operarían con fuertes retrasos al perder navegación satelital y software logístico; e incluso sectores como la agricultura de precisión podrían detenerse, con posibles efectos sobre la producción y distribución de alimentos.

“Los sistemas digitales se han vuelto tan integrados en nuestras vidas”, dijo Bogdan-Martin, “que apenas los notamos (…) hasta que fallan”. 

El informe describe este escenario como una posible “pandemia digital”: un colapso a gran escala de infraestructuras digitales críticas para el cual los sistemas actuales de gestión de riesgos simplemente no están preparados.

©UNICEF/NOAA
Erupción del volcán Hunga Tonga-Hunga Ha’apai el 15 de enero de 2022

No es un tema de ficción

El informe insiste en que muchas de estas amenazas no son hipotéticas. Algunas ya ocurrieron, aunque a menor escala, y factores como el cambio climático están aumentando el riesgo.

En 2022, la erupción volcánica de Hunga Tonga-Hunga Ha’apai cortó el único cable submarino internacional de Tonga y dejó al país prácticamente incomunicado durante semanas. 

En 1989, una tormenta geomagnética dejó sin electricidad a millones de personas en Quebec. 

Y en Europa, las olas de calor recientes ya han provocado fallas en centros de datos y redes eléctricas sometidas a temperaturas extremas.

La diferencia hoy es la dependencia. Hace décadas, una falla tecnológica podía ser grave pero localizada. Ahora, una interrupción en un sistema puede extenderse rápidamente a muchos otros.

“Si se cae el sistema eléctrico, las telecomunicaciones dejan de funcionar”, explicó Kamal Kishore, representante especial para la Reducción del Riesgo de Desastres. “Cuando las telecomunicaciones dejan de funcionar, los cajeros automáticos dejan de funcionar”.

Ese efecto dominó es el centro de la preocupación del informe. Las interrupciones digitales rara vez permanecen aisladas: tienden a propagarse en cascada. Según los datos citados, hasta el 89% de las interrupciones digitales vinculadas a desastres naturales son causadas por efectos secundarios y no por el impacto inicial. El número de personas finalmente afectadas, advierte el informe, puede ser hasta diez veces mayor que el de las inicialmente expuestas.

Photo courtesy of ASN
Trabajador dirigiendo el despliegue del cable submarino en puerto.

Las posibilidades

Los autores describen varios escenarios plausibles para mostrar cómo una interrupción digital podría extenderse rápidamente entre sistemas interconectados. 

Uno de ellos imagina una tormenta solar similar al Evento Carrington de 1859, capaz de afectar satélites de navegación, interrumpir comunicaciones y provocar fallas en redes eléctricas y sistemas financieros en distintos continentes. Otro plantea una ola de calor extrema y prolongada que sobrecalienta centros de datos y somete las redes eléctricas a una presión creciente. A medida que los sistemas de enfriamiento y respaldo comienzan a fallar, las redes móviles se ralentizan, hospitales pierden acceso a plataformas digitales y, eventualmente, incluso los sistemas diseñados para enviar alertas de emergencia dejan de funcionar.

Lo inquietante, afirman los autores, es que muchas de esas vulnerabilidades ya son conocidas.

Los cables submarinos más críticos están identificados. Las tormentas solares pueden detectarse con horas de anticipación. Los operadores saben que los centros de datos son vulnerables al calor extremo. Pero, según el informe, nadie está observando realmente el sistema completo.

“Así es como comienzan las fallas en cascada”, señala el informe. “no con un evento dramático, sino con una convergencia de presiones tolerables que ningún operador individual está en posición de ver en su conjunto”.

© Unsplash/Brunno Tozzo
Teléfonos analógicos.

Cuando ya no existe un plan B

Para los expertos, el problema también es cultural. El mundo digital eliminó silenciosamente muchos de los sistemas de respaldo analógicos que antes permitían seguir funcionando durante una crisis.

“Existe una suposición implícita de que cuando fallen los sistemas digitales tendremos sistemas analógicos a los cuales recurrir”, dijo Kishore. “Pero esos sistemas ya no están ahí”.

Hospitales dependen de historiales electrónicos. Comercios funcionan casi exclusivamente con pagos digitales. Administraciones enteras nunca han trabajado sin internet. 

“No estamos adecuadamente preparados para los impactos en cascada sobre la infraestructura digital”, advirtió Kishore.

Las recomendaciones

A pesar de los riesgos, el informe subraya que la solución no es alejarse de las tecnologías digitales, sino prepararse mejor para cuando fallen.

“Es momento de empezar a prepararnos de manera más intencional para los riesgos digitales críticos”, afirmó Bogdan-Martin.

El informe da una serie de recomendaciones urgentes: fortalecer estándares internacionales de reducción de riesgo y resiliencia, proteger infraestructuras críticas como cables submarinos y redes eléctricas, mantener capacidades analógicas de respaldo y mejorar la coordinación entre gobiernos y sector privado antes de que ocurra una gran interrupción.

Porque, según Kishore, el verdadero problema ya no es imaginar si algo así podría suceder.

“El riesgo de un desastre digital no es cuestión de si ocurrirá, es cuestión de cuándo”.

*El informe ha sido preparado por la UIT, la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR) y la Universidad Sciences Po.

Source of original article: United Nations (news.un.org). Photo credit: UN. The content of this article does not necessarily reflect the views or opinion of Global Diaspora News (www.globaldiasporanews.net).

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