En el área de Al-Mawasi, al oeste de Jan Yunis, donde las tiendas de campaña se extienden sobre la arena y se forman largas colas para conseguir agua y comida, Asaad Al-Azzabi se prepara para un partido muy lejos de lo que una vez conoció.
Antes de la guerra, Al-Azzabi jugaba para el Club Al-Tajammu en Rafá, donde él y sus compañeros tenían acceso a canchas, gimnasios, entrenadores y equipamiento. Ahora, tiene suerte si encuentra botas para jugar. “A veces tomo prestado un par de un amigo o las arreglo con cinta adhesiva”, dice.
Su hogar es ahora una tienda de campaña en el campamento de Al-Rahma, un refugio para desplazados de Rafá, donde el acceso a agua limpia y servicios de saneamiento es escaso. Vive solo, después de que su esposa se fuera a Jordania con su hijo, que tiene cáncer, para buscar tratamiento.
En medio de la lucha por satisfacer las necesidades básicas, Al-Azzabi se prepara para el partido contra el cercano campamento de Sheikh Al-Eid. Explica el plan de juego a sus jugadores dibujando en la arena, antes de que el equipo se dirija a pie hacia una cancha ubicada entre las tiendas de los desplazados.
Asaad Al-Azzabi poniéndose sus botas de fútbol rotas y usando cinta adhesiva para repararlas antes de jugar.
Algo de la nada
El árbitro Alaa Abu Taha, colegiado de la Asociación Palestina de Fútbol y desplazado de Rafá, afirma que el fútbol se ha convertido en la “única válvula de escape” para muchas personas en Gaza.
“Con los recursos más limitados, intentamos jugar. Ahora no hay infraestructura deportiva. La cancha donde estamos ahora fue preparada originalmente para baloncesto y voleibol, pero nuestra gente lo crea todo de la nada”, explica.
El sector deportivo de Gaza ha sufrido una destrucción generalizada desde el inicio de la guerra. Según la Asociación Palestina de Fútbol, cientos de atletas han muerto, incluidos muchos futbolistas, mientras que cientos de instalaciones deportivas han resultado dañadas o destruidas, incluidas canchas, sedes de clubes y gimnasios.
En Al-Mawasi, estas pérdidas no han impedido que los jugadores organicen un campeonato entre los campamentos de desplazados.
Personas desplazadas de Rafah viendo el partido entre el Campamento Al-Rahma y el Campamento Sheikh Al-Id.
El gran partido
El partido comienza frente a un pequeño público de espectadores desplazados, con Al-Azzabi participando con botas sujetas con cinta plástica. Al final del encuentro, el campamento de Al-Rahma vence al de Sheikh Al-Eid por 2-1.
Después del pitido final, los jóvenes del campamento alzan sobre sus hombros a Al-Azzabi y sus compañeros, mientras los niños y jóvenes celebran entre las tiendas. Por unos breves momentos, el sonido del desplazamiento se desvanece de la escena, y el fútbol emerge como un espacio raro para la alegría.
“Bajo estas difíciles circunstancias, poder salir y jugar un partido como este es algo muy bueno”, declara Al-Azzabi. “Felicidades a nuestro campamento. Dedico este campeonato a mi esposa y a mi hijo en Jordania, y deseo que mi hijo se recupere pronto”.
Para él, el partido es más que una victoria deportiva. Es un mensaje para su familia lejana y un intento de preservar lo que queda de su vida como exjugador, persiguiendo el balón como si fuera lo último que lo conecta con quien era antes de la guerra.
Source of original article: United Nations (news.un.org). Photo credit: UN. The content of this article does not necessarily reflect the views or opinion of Global Diaspora News (www.globaldiasporanews.net).
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