Más de 2,6 millones de niñas en Afganistán han sido privadas de una educación secundaria durante los cinco años transcurridos desde que las autoridades de facto tomaron el poder, advirtió este viernes UNICEF. El país continúa siendo el único del mundo donde las niñas y las mujeres tienen efectivamente vedado el acceso a la educación secundaria y superior.

Las niñas no pueden asistir a la educación formal más allá del sexto grado desde septiembre de 2021, mientras que las mujeres fueron excluidas de las universidades en diciembre de 2022. Para Catherine Russell, directora ejecutiva de UNICEF, cinco años pueden parecer poco tiempo en la historia de un país, pero representan un periodo decisivo en la vida de una niña.

“Un aula ofrece mucho más que aprendizaje. Da a una persona joven una voz y la capacidad de alcanzar todo su potencial. Y ofrece protección contra el trabajo infantil, el matrimonio precoz, la violencia y los abusos”, afirmó Russell. “Cuando las escuelas cerraron, esa protección desapareció, precisamente cuando las niñas más la necesitaban”.

Las consecuencias son especialmente graves en un país marcado por la pobreza y el desplazamiento. Las niñas que permanecen fuera de las aulas enfrentan un mayor riesgo de trabajo infantil, abusos, matrimonio precoz y violencia de género. A ello se suma el regreso de más de 2,7 millones de personas desde Irán y Pakistán desde 2023, de las cuales el 60% son niños y jóvenes.

Menos maestras y trabajadoras de la salud

El impacto de las restricciones no termina en las niñas que actualmente no pueden estudiar. Un [análisis] de UNICEF publicado en abril advierte que Afganistán podría perder hasta 20.000 maestras y 5400 trabajadoras de la salud para 2030, reduciendo todavía más la disponibilidad de profesionales mujeres en dos sectores esenciales para la población.

El deterioro ya es visible. El número de maestras en la educación básica cayó más de un 9%, desde cerca de 73.000 en 2022 hasta aproximadamente 66.000 en 2024. La participación femenina en la administración pública también disminuyó, pasando del 21% al 17,7% entre 2023 y 2025.

Las restricciones educativas y laborales tienen además un costo económico. UNICEF estima que impedir que las niñas estudien y limitar la participación de las mujeres en el mercado laboral está provocando pérdidas de unos 84 millones de dólares al año en producción económica, una cantidad que se acumula cada año que permanecen vigentes las restricciones.

Las repercusiones pueden extenderse incluso a la siguiente generación. A medida que aumenta la proporción de madres sin educación, también crecen los riesgos de que sus hijos nazcan con bajo peso, no reciban todas las vacunas necesarias o sufran retraso en el crecimiento, lo que añade presión a un sistema sanitario que ya enfrenta grandes dificultades.

Aprender pese a las restricciones

A pesar de las prohibiciones, UNICEF continúa apoyando distintas oportunidades educativas dentro del país. Durante 2025, más de 3,7 millones de niños matriculados en escuelas públicas recibieron apoyo educativo de emergencia, mientras que otros 442.000 participaron en programas de aprendizaje comunitario. El 66% de estos últimos eran niñas. Además, 232 escuelas fueron construidas o rehabilitadas.

Estos programas, sin embargo, no sustituyen el acceso de las niñas a la educación formal. UNICEF pidió a las autoridades de facto eliminar inmediatamente las restricciones y permitir que todas las niñas y mujeres regresen a las escuelas y universidades, sumándose al llamado del Secretario General para levantar la suspensión de la educación femenina.

“UNICEF y nuestros socios estamos preparados para apoyar la reapertura de las escuelas para que todas las niñas puedan regresar de forma segura”, afirmó Russell. “Un país no puede prosperar cuando se frena a la mitad de sus jóvenes”.

La responsable de UNICEF cerró su llamado con una advertencia sobre lo que está en juego después de cinco años de restricciones: “El futuro de Afganistán está fuera de las aulas, esperando que le permitan volver a entrar”.

Source of original article: United Nations (news.un.org). Photo credit: UN. The content of this article does not necessarily reflect the views or opinion of Global Diaspora News (www.globaldiasporanews.net).

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