En Quibdó, perder la casa ha significado para muchas mujeres perder también una parte de la seguridad que daban cuatro paredes y una puerta cerrada. Más de dos semanas después del terremoto, cientos de personas siguen en albergues y alojamientos improvisados donde todavía faltan servicios tan básicos como agua, duchas o sanitarios. En esas condiciones, protegerse de la violencia se ha convertido en otra necesidad de la emergencia.

“Tenemos miedo de vivir una violencia sexual, pero nos estamos organizando. Vigilamos entre nosotras, hacemos turnos, unas en las sillas y otras en la esquina de la cuadra”, cuenta una lideresa de la capital de Chocó. “Ya hemos visto cosas sospechosas, entonces tenemos que cuidar a las niñas y a nosotras mismas”.

De acuerdo con la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA), el sismo de magnitud 7,4 ha afectado a más de 406.000 personas en 15 departamentos. En Chocó, donde estuvo el epicentro, unas 112.400 personas han resultado afectadas en 30 municipios y la mayoría pertenece a comunidades afrocolombianas o indígenas. Allí, el terremoto golpeó un territorio que ya enfrentaba profundas dificultades.

“Podríamos hablar de una triple afectación o de una triple crisis”, dice Luis Mora, representante del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) en Colombia. Chocó, explica, enfrenta más pobreza y menos acceso a servicios básicos y de salud que otras zonas del país, además de los efectos del conflicto armado y las dificultades para llegar a muchas comunidades.

Y es que para algunas mujeres de la región, la tragedia ha reabierto una vieja herida.

“La calle de mi casa se abrió en dos. Se cayeron las paredes y estoy con mi hija durmiendo en diferentes partes, hasta en el andén. Como lideresa, después de ser desplazada por el conflicto, hoy tengo que volver a vivir esto”.

© UNFPA/Semillas DeFuturo
Un miembro del equipo del UNFPA y un colega de la OIM informan a las personas refugiadas tras el terremoto sobre los riesgos de explotación, acoso y abuso sexual, y sobre cómo denunciar sus preocupaciones de forma segura y confidencial.

Reforzando la protección en los albergues

UNFPA está recorriendo albergues y otros alojamientos y trabajando con lideresas y redes locales para llegar a las mujeres que necesitan apoyo. 

“Hemos identificado muchas mujeres y adolescentes que están viviendo fuera de sus casas, durmiendo prácticamente en la calle, lo cual las expone”, explica Martha Lucía Rubio, representante auxiliar de UNFPA en Colombia. 

La vulnerabilidad no termina con encontrar un lugar donde dormir. Muchas familias han perdido también ingresos y dependen de terceros para cubrir necesidades básicas.

“En muchas de estas situaciones, las mujeres y niñas pueden verse expuestas a explotación sexual o al intercambio de favores sexuales para poder acceder a alimentación, agua, servicios básicos o protección”, advierte Mora.

La agencia está acompañando a mujeres que enfrentan violencia de género, distribuyendo kits con artículos esenciales y habilitando espacios seguros fijos y móviles.

En Quibdó, parte de ese trabajo recae en gestoras como Lizeth Quezada. Ella escucha a las mujeres, las orienta y las ayuda a acceder a servicios de protección cuando se encuentran en una situación de violencia en medio de la emergencia. 

“Para mí poder acompañar a mi comunidad en este momento representa una gran responsabilidad y al mismo tiempo un compromiso muy significativo como profesional y como parte de este territorio”, dice. “Mi propósito es contribuir a que las mujeres se sientan acompañadas, protegidas y puedan acceder a las rutas y servicios que necesitan”.

En La Victoria, una zona minera de Quibdó, unas 100 personas permanecen en albergues y todavía hacen falta sanitarios, duchas y mejores condiciones para manejar los residuos. Allí, Liboria Perea Torre, cuya vivienda quedó gravemente dañada, recibió uno de los kits distribuidos por UNFPA. 

“El temblor fue una cosa horrible. Mi casa quedó demasiado destruida”, cuenta. Sobre la ayuda recibida, agradece que fuera “un kit bien reforzado”, aunque su familia todavía necesita apoyo para recuperarse.

La protección en los alojamientos va más allá de la asistencia material. La agencia también realiza actividades para prevenir el acoso, el abuso y la explotación sexual y trabaja para que existan rutas claras de atención.

“Que esos espacios se conviertan en espacios seguros es muy importante”, señala el representante Luis Mora.

© UNFPA/Semillas DeFuturo
Una mujer revisa un kit de higiene personal del UNFPA frente a su casa dañada tras el terremoto. Los kits contienen artículos esenciales de higiene y cuidado personal para mujeres y niñas.

Embarazadas con miedo de salir y centros de salud dañados

El terremoto también ha golpeado una red sanitaria que ya enfrentaba grandes dificultades. En Bagadó, los daños estructurales obligaron a prestar parte de la atención a la intemperie; en San José del Palmar, un puesto de salud quedó destruido; y en Quibdó los principales hospitales mantienen una elevada ocupación.

“Aquí hay algunas mujeres embarazadas que no quieren ir al médico porque les da miedo salir de la casa, entonces nosotras las parteras estamos haciendo ese acompañamiento para cuidarlas a ellas y los bebés”, cuenta Maira, una partera de la zona.

UNFPA estima que entre la población directamente afectada hay unas 87.500 mujeres en edad reproductiva y alrededor de 3500 embarazadas que pueden necesitar atención de salud sexual y reproductiva. 

“Ni la gestación, ni el parto ni la menstruación se acaban durante un sismo o durante una emergencia humanitaria como la que está viviendo el departamento del Chocó”, recuerda Martha Lucía Rubio.

La agencia trabaja con instituciones de salud, personal médico y asociaciones de parteras para facilitar controles prenatales, atención durante el parto y el posparto y otros servicios esenciales. También distribuye insumos médicos, kits para mujeres embarazadas y productos para la gestión menstrual.

Fuera de Quibdó, llegar a algunas comunidades sigue siendo difícil por los daños en las carreteras, las barreras para el transporte fluvial y el subregistro de personas afectadas en zonas rurales. Por eso, UNFPA se apoya también en lideresas, parteras, organizaciones de mujeres y jóvenes y comunidades indígenas para identificar necesidades y conectar a las familias con los servicios disponibles.

En una emergencia lo más urgente es conseguir techo, agua, alimentos y atención médica, pero las necesidades específicas de mujeres y adolescentes no pueden quedar relegadas, advierte el representante Mora.

“Todo lo vinculado con la salud sexual y reproductiva de mujeres, jóvenes y adolescentes representa también una necesidad básica que salva vidas”.

Source of original article: United Nations (news.un.org). Photo credit: UN. The content of this article does not necessarily reflect the views or opinion of Global Diaspora News (www.globaldiasporanews.net).

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