Frente a un brote de ébola de rápida propagación causado por una cepa poco común (Bundibugyo) en el este de la República Democrática del Congo (RDC) y Uganda, la Organización Mundial de la Salud (OMS) sabe que la estrategia para combatir la enfermedad no depende únicamente de batas blancas y sueros, sino de algo mucho más frágil y poderoso: la confianza de la comunidad.
“Cada emergencia, cada epidemia comienza en una comunidad y termina en una comunidad”, afirma la doctora Marie Roseline Belizaire, directora de Emergencias de la OMS para África. La advertencia no es casual. En una zona donde la inseguridad, los desplazamientos masivos y la alta movilidad son algo cotidiano, el éxito de la contención depende de que una persona con síntomas no se esconda por miedo al rechazo o al aislamiento.
Información como medicina
Hasta la fecha, se han confirmado 51 casos en las provincias de Ituri y Kivu del Norte, aunque la OMS maneja la alarmante cifra de casi 600 casos sospechosos y 139 muertes. Dos casos detectados en Kampala (Uganda) han encendido todas las alarmas.
La doctora Belizaire es clara: la velocidad de la respuesta en los primeros días es esencial, pero ninguna ambulancia ni equipo de protección servirá si la población no confía en los mensajes. “No vamos a venir a imponer nuestra ciencia, sino a trabajar con ellos”, insiste.
La lección aprendida de brotes anteriores en la misma región es demoledora: muchas familias ocultaron a sus enfermos o se negaron a dejar que sus seres queridos fueran trasladados a centros de tratamiento.
Para evitarlo, la OMS está desplegando una estrategia basada en la cercanía. Los centros de tratamiento se están instalando lo más cerca posible de las comunidades afectadas, permitiendo las visitas familiares e integrando el apoyo psicosocial y alimentario. “Las familias podían visitar a sus pacientes hospitalizados”, recuerda Belizaire.
Hasta los cascos azules están movilizados ayudando contra la desinformación y van por los pueblos y las calles con un altavoz para hablar sobre la prevención de la enfermedad.
Combatir el miedo con hechos
Uno de los mayores desafíos que enfrentan los equipos de la ONU es la confusión generada por la rareza de la cepa Bundibugyo. A diferencia de la cepa Zaire, más común y para la que sí existen vacunas y tratamientos, de esta variante no se dispone de ninguna inmunización aprobada. Los trabajadores sanitarios deben explicar con paciencia a la comunidad que la vacuna que recibieron en 2018 o 2020 no les protege contra este nuevo virus.
“Tenemos que encontrar la fórmula adecuada para explicarlo”, subraya la doctora Belizaire, quien alerta también sobre los peligros de los rumores. “Pueden complicar realmente la respuesta y poner en peligro vidas”.
Mientras la misión de paz MONUSCO transporta toneladas de material médico y el Programa Mundial de Alimentos (PAM) moviliza su logística, la OMS insiste en que la verdadera vacuna es la información fiable.
Las medidas de autoprotección son sencillas pero vitales: evitar el contacto con fluidos corporales, lavarse las manos rigurosamente y, sobre todo, no ocultar los síntomas. “Hay que acudir al centro de salud de inmediato si aparece fiebre alta, fatiga extrema o vómitos“, advierte.
Un complejo contexto de seguridad
El brote se desarrolla en una región marcada por la inseguridad, la presencia de grupos armados y el desplazamiento masivo de poblaciones.
Las provincias de Ituri y Kivu del Norte, donde se concentran los casos, son también zonas de alta movilidad vinculada a la minería artesanal, lo que complica enormemente la detección temprana de casos y el rastreo de contactos.
“No es la primera vez que enfrentamos un brote aquí, pero el contexto sigue siendo extremadamente complejo”, reconoció la doctora Marie Roseline Belizaire, directora de Emergencias de la OMS para África.
Riesgo global bajo, pero amenaza real para la región
La OMS evaluó este miércoles que el riesgo de propagación internacional del virus Bundibugyo es “bajo”.
Sin embargo, a nivel nacional y regional, especialmente para la RDC y Uganda, el riesgo se considera “alto”. La cepa ya ha causado 139 muertes sospechosas y cerca de 600 casos probables. La rápida expansión hacia Kampala, la capital ugandesa, ha activado todas las alarmas de los sistemas de vigilancia sanitaria en África Oriental.
Source of original article: United Nations (news.un.org). Photo credit: UN. The content of this article does not necessarily reflect the views or opinion of Global Diaspora News (www.globaldiasporanews.net).
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