El tiempo apremia. En Nueva York, el Secretario General de la ONU situó la crisis del ébola en la República Democrática del Congo (RDC) en el centro de una conferencia de prensa, con un diagnóstico sin rodeos.
“La epidemia es la de más rápido crecimiento jamás registrada”, recordó António Guterres en una conferencia de prensa. “Avanza más rápido y se extiende más ampliamente que la respuesta destinada a contenerla. Pero puede ser detenida”.
Hasta el 25 de agosto, se habían confirmado 5713 casos en la RDC y 2744 personas habían sucumbido a la enfermedad. Cada semana se notifican ahora unas 500 nuevas infecciones, siendo las mujeres y los niños los más afectados. La epidemia se ha convertido en la más importante jamás registrada en el país.
La paradoja es que los medios para combatir el ébola son conocidos. Detección y aislamiento de los enfermos, vigilancia epidemiológica, tratamiento, entierros seguros: las herramientas para interrumpir la transmisión existen.
“Sabemos cómo contener el ébola, cómo interrumpir la transmisión y cómo salvar vidas”, insistió el alto responsable. Pero también hay que combatir, según él, “otro virus: el virus de la indiferencia”.
Recursos para “semanas, no meses”
Esta indiferencia se traduce primero en una falta de medios. El plan humanitario de 2130 millones de dólares presentado para hacer frente a la crisis solo está financiado al 48%, a pesar de, según Guterres, una importante contribución de Estados Unidos. La ONU ha movilizado más de 80 millones de dólares a través de sus fondos comunes, pero los recursos disponibles solo permitirán mantener las operaciones durante “semanas, no meses“.
El Secretario General reclama por ello 1100 millones de dólares adicionales. “Sin financiación adicional, las operaciones vitales se quedarán sin dinero justo cuando necesitan aumentar su capacidad”, advirtió.
El dinero, sin embargo, es solo una parte del problema. El ébola se propaga en una región donde décadas de conflictos han desplazado a poblaciones enteras y han debilitado las infraestructuras sanitarias. Solo en la provincia de Ituri, un millón de personas han sido desplazadas en 30 años. Más de 12 millones de personas necesitan ayuda humanitaria y protección en la región.
La inseguridad dificulta directamente la respuesta. Más de 40 profesionales de la salud han perdido la vida, mientras que centros de tratamiento y ambulancias han sido atacados. Los equipos humanitarios deben enfrentarse simultáneamente al virus y a la violencia, al tiempo que algunas comunidades siguen siendo de difícil acceso.
A pesar de la magnitud de la crisis, aparecen algunos signos de mejora. El miércoles, la directora de emergencias de la OMS en África, Marie Roseline Belizaire, consideró que la progresión se había ralentizado, aunque sin invertirse.
“Su aceleración se ha ralentizado, pero la curva epidémica no se ha invertido todavía”, afirmó. En total, 58 zonas de salud repartidas en seis provincias siguen afectadas.
Uganda logra romper la transmisión
El contraste con Uganda es llamativo. El jueves, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y los Centros Africanos de Control y Prevención de Enfermedades (África CDC) anunciaron el fin de la epidemia en el país, después de 42 días sin nuevos casos confirmados desde el alta hospitalaria, el 16 de julio, del último paciente.
Uganda registró 20 casos desde el inicio de la epidemia, el 15 de mayo: 15 importados de la RDC y cinco contraídos localmente entre contactos y profesionales de la salud. Dos de los pacientes fallecieron y 18 se recuperaron. Más de 800 contactos fueron identificados y seguidos.
Para la OMS, este resultado demuestra que una vigilancia estrecha, la detección precoz y la movilización de las comunidades pueden romper las cadenas de transmisión. Pero también subraya la dificultad de reproducir esta estrategia en el este de la RDC, donde la guerra y los desplazamientos de población complican considerablemente el acceso a los enfermos.
La amenaza sigue siendo además regional. El río Congo y las grandes vías de comunicación conectan a millones de personas y comunidades. La ONU está reforzando la preparación y la coordinación con Sudán del Sur y la República Centroafricana, mientras que la OMS sigue desaconsejando cualquier restricción a los viajes y al comercio.
“No estaremos seguros hasta que la transmisión se haya detenido en todas partes“, resumió Jean Kaseya, director general de África CDC.
Para António Guterres, el obstáculo ya no es el de los conocimientos disponibles, sino la voluntad de desplegarlos a la escala necesaria. “El mundo posee los conocimientos, los medios y los recursos necesarios para detener esta epidemia”, declaró. Queda actuar, advirtió, antes de que el costo sea “más mortífero, más difícil y elevado”.
Source of original article: United Nations (news.un.org). Photo credit: UN. The content of this article does not necessarily reflect the views or opinion of Global Diaspora News (www.globaldiasporanews.net).
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