Con apenas 17 años, Thalma Cohen le dijo a su padre que quería transformar las escuelas de su país. La respuesta que recibió fue una sola frase: “Yo no lo voy a hacer. Ve y hazlo tú”. De ese “ve y hazlo tú” nació Construyendo Futuros, una organización venezolana que hoy emplea a más de 150 personas y que, según sus registros, ha tenido un impacto en más de 450.000 mujeres, niñas, niños, adolescentes y escuelas en Venezuela.
“Construyendo Futuros es justamente eso también, un sueño. Nace del anhelo de una adolescente que con tan solo 17 años quería transformar el sistema educativo de las escuelas”, relata Jennifer Belisario, directora general de la organización, en una entrevista con Noticias ONU.
La sede está en Caracas, pero el trabajo se extiende a lo largo de toda la línea fronteriza del país. “Nuestro logo está presente en el estado Sucre, Caracas, Miranda, Falcón, Zulia, Apure, Táchira, Amazonas, que son justo el borde con otros de nuestros hermanos países”, detalla Jennifer.
“Es allí donde hay mayores retos de protección, donde las comunidades y las familias están desplazadas, las niñas tienen mayores riesgos, las mujeres son víctimas también de violencia basada en género y allí donde nos cuesta más llegar a todos; ahí estamos presentes”.
Una educadora de la ONG Construyendo Futuros realiza un ejercicio de estiramiento con alumnas en un aula.
El reto educativo: tres de cada cuatro niños no comprenden lo que leen
En materia educativa, la organización se enfrenta a brechas profundas. “En los espacios donde tenemos presencia, tres de cada cuatro niños no comprenden lo que leen. Nos encontramos con niños de 12 años que de alguna manera se ven excluidos del sistema educativo, pero también los excluyen de la sociedad misma”, advierte la directora. A ello se suma que muchas madres, padres o cuidadores también son analfabetos.
Frente a ese panorama, los programas se centran en la lectura, el pensamiento lógico-matemático y la creatividad.
“Tenemos espacios comunitarios donde identificamos a las niñas y niños que están excluidos o que están fuera del sistema educativo. Los traemos, los nivelamos y luego nos encargamos de garantizar que se reinserta en el sistema escolar”, explica.
En las escuelas, además, forman a docentes en metodologías innovadoras y disruptivas, con gamificación y juegos, porque “aprender también es una forma de distraerse o mejor dicho, de crear de forma divertida”.
Un trabajador de la ONG Construyendo Futuros se dirige a un grupo comunitario de mujeres venezolanas sentadas en un entorno rural.
El reto logístico: operar en Venezuela
Jennifer describe obstáculos que van desde la falta de servicios básicos hasta los costos variables de traslado.
“El tema de los servicios ha sido toda una dificultad para todos los venezolanos, tanto como personas que implementamos proyectos, como individuos en el día a día. Eso dificulta a veces la conectividad y la capacidad de reportar en tiempo real. A veces no hay ni energía eléctrica”, señala.
A ello se suma que las zonas donde tienen presencia son “ciudades y comunidades muy remotas, muy aisladas”, y que los costos cambian de un día para otro, lo que dificulta la optimización de los recursos.
Para sortearlo, la organización busca aliados. “El sector privado ha sido uno de los aliados más importantes para nosotros”, afirma, y destaca el papel del Fondo Humanitario de Venezuela, que a su juicio es “un ejemplo regional de cómo la localización se puede vivir de una forma real, donde aproximadamente el 70% de los recursos del fondo son destinados a las organizaciones nacionales y locales”.
Esa estructura, dice, “nos ha permitido crecer, fortalecernos, ampliar nuestro rango de acción, escalar la capacidad de respuesta”.
La directora general de Construyendo Futuros, Jennifer Belisario, durante su visita a la Asamblea General de las Naciones Unidas.
La relación con Naciones Unidas y el sistema humanitario
Consultada por su vínculo con la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de Naciones Unidas (OCHA), Jennifer lo califica como “una relación increíble” que ha permitido a las organizaciones crecer de una forma significativa.
“Hoy somos socios de Naciones Unidas a través de proyectos que implementamos con distintas agencias, incluyendo el Fondo Humanitario de Venezuela. Trabajamos en conjunto, se nos permite diseñar y soñar. Podemos identificar las necesidades, plasmarlas en un documento y recibir fondos para ejecutarlo”, sostiene.
Construyendo Futuros también forma parte del Equipo Humanitario de País, una instancia de coordinación que reúne a agencias del sistema de la ONU y las ONG internacionales y nacionales.
En septiembre, fue seleccionada por el coordinador humanitario de la ONU, Tom Fletcher, para “ser la voz de las organizaciones nacionales y locales” durante la Asamblea General.
Un trabajador de Construyendo Futuros entrega un paquete de ayuda a una mujer cerca de una zona inundada.
El reto del destino: los terremotos del 24 de junio
A todos los desafíos sobre el terreno, el 24 de junio se sumó el impacto del doble terremoto que devastó La Guaira, un estado costero densamente poblado y hogar de muchas comunidades vulnerables.
“Probablemente nunca estamos preparados para una situación así, pero saber que miles de familias murieron y que la respuesta no fue tan rápida como hubiésemos querido es muy devastador”, lamenta Jennifer. “Nuestro país está en un duelo prolongado. La resiliencia es una práctica diaria“.
Construyendo Futuros no perdió instalaciones ni personal, pero su equipo tenía familiares en La Guaira. “Personalmente tengo familia en La Guaira y estuvieron 24 horas bajo los escombros. Se salvaron porque ocurrió un milagro”, relata.
El sistema educativo de la zona, en cambio, sí sufrió: “Muchas de las escuelas quedaron destruidas. Estamos en un proceso de intentar reconstruir desde lo interno para reconstruir también nuevos muros, nuevos pisos, nuevos pilares. Pero queremos hacerlo distinto. No queremos reconstruir lo viejo. Queremos y creemos que tenemos la oportunidad de construir algo nuevo“.
El impacto psicosocial, advierte, no se resuelve en cuestión de meses. “Volver a clases para nuestros niños es una situación muy dolorosa porque muchos de sus amigos ya no están. Muchos de sus docentes dejaron de estar presentes. Estamos intentando que las escuelas vuelvan a ser espacios seguros”.
Jennifer Belisario (izquierda) ayuda a plantar un retoño de árbol en Venezuela.
El reto humano: combatir el embarazo adolescente
De cara al futuro, la organización quiere fortalecer su pilar de medios de vida. “¿Cómo reconstruyes una vida si no tienes la manera de tener ingresos para hacerlo?”, plantea Jennifer.
El trabajo con mujeres es central: comenzaron trabajando con mujeres cabeza de hogar, y a partir de ahí surgió el programa de prevención de violencias, al constatar tasas de embarazo adolescente de 9 a 11 años, una de las más altas de la región, producto en muchos casos de abuso sexual infantil.
“Al quedar embarazadas se convirtieron en sostén de hogar a muy temprana edad y no tenían la manera de mantener una nueva familia. Empezamos a fortalecer sus capacidades vocacionales, a decirles que tenían otras oportunidades y que soñaran; las ayudamos a identificar medios de vida asociados a sus intereses y que no perpetuaran estereotipos de género”.
“Si transformamos a una mujer, estamos cambiando varias generaciones”, insiste, ya que se rompen círculos de violencia y pobreza.
Según datos que maneja la organización, cerca del 50% de las mujeres venezolanas son sostén de hogar y, de ese porcentaje, cerca del 70% vive en condiciones de alta vulnerabilidad.
Del otro lado del espectro, la organización trabaja con los hombres para impulsar una paternidad “compartida, responsable y amorosa”.
“Hemos logrado que incluso en comunidades de nuestros pueblos originarios, en Amazonas, caciques de comunidades y tribus hayan cambiado la forma en que se relacionan con las mujeres”.
Como directora y tras haber superado un de cáncer de mama, Jennifer cierra con una reflexión sobre el liderazgo con firma de mujer:
“He transitado momentos retadores, soy superviviente de cáncer de mama y todo ese camino no lo podría haber superado sola. Me enseñó a entender que me puedo soltar porque tengo redes de apoyo que me pueden sostener. Y eso es un símil del liderazgo. Cuando confías en tu equipo, te sueltas y puedes estar fuera una semana o 15 días, y saber que la operación sigue en marcha”.
Source of original article: United Nations (news.un.org). Photo credit: UN. The content of this article does not necessarily reflect the views or opinion of Global Diaspora News (www.globaldiasporanews.net).
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