Tráfico de residuos: un negocio criminal que impulsa la contaminación tóxica y daña la salud pública
Los flujos ilegales de residuos están causando daños económicos, a la salud pública y al medio ambiente, especialmente en los países de bajos ingresos, mientras que un mosaico de regulaciones dispares permite a los delincuentes evadir el castigo, según un nuevo análisis de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) publicado hoy.
En “Delitos y tráfico de residuos”, una nueva entrega del Análisis Global sobre Delitos que Afectan al Medio Ambiente, esta agencia examina las cinco principales categorías de tráfico ilegal de residuos: desechos eléctricos y electrónicos, residuos plásticos, vehículos y motores al final de su vida útil, residuos de metales, y mezclas de residuos, así como el modus operandi de los grupos de crimen organizado y las corporaciones involucradas.
El informe concluye que las lagunas legislativas, las limitadas capacidades de aplicación de la ley, la falta de trazabilidad y las bajas sanciones están facilitando un comercio que algunos estiman en miles de millones de dólares.
“Nuestro estudio demuestra que el tráfico de residuos sigue siendo increíblemente difícil de detectar, investigar y procesar”, afirma Candice Welsch, directora de Análisis de Políticas y Asuntos Públicos de la UNODC. “No se trata de un desafío abstracto, sino de uno con graves consecuencias para la salud pública, ya que impulsa la contaminación tóxica del agua potable, el océano, el suelo y más. Una mejor comunicación y datos sobre las rutas sospechosas y las vulnerabilidades en la cadena del comercio de residuos, junto con la armonización de los delitos y las sanciones, son esenciales para ayudarnos a predecir, prevenir y detener mejor los flujos ilegales de residuos”.
Inseguridad global sobre la propiedad de la tierra
1 de cada 4 adultos teme perder su hogar o sus medios de vida. En la imagen, olivareros en Cisjordania.
La mayor parte de la tierra no tiene propiedad documentada y la incertidumbre está aumentando, según un informe de la FAO, la Coalición Internacional por la Tierra (CIT) y la Organización francesa de investigación y cooperación agrícola (CIRAD).
Aunque se han logrado avances en la tenencia y gobernanza de la tierra en los últimos 20 años, solo el 35% de la tierra del mundo tiene formalmente documentados sus derechos de propiedad, tenencia o uso, según el informe “Estado de la Tenencia y la Gobernanza de la Tierra”, publicado hoy.
Aproximadamente 1100 millones de personas, casi uno de cada cuatro adultos, consideran probable que puedan perder los derechos sobre parte o la totalidad de su tierra y vivienda en los próximos cinco años, y esta cifra ha aumentado notablemente en los últimos años.
“La inseguridad sobre la tierra es una de las formas más dañinas de desigualdad, que se paga con una menor productividad, una menor resiliencia y una peor nutrición. La tenencia segura de la tierra permite la inversión sostenible y es la diferencia entre la supervivencia a corto plazo y la seguridad alimentaria a largo plazo”, declaró Máximo Torero Cullen, economista jefe de la FAO.
La crisis energética de Ucrania pone en riesgo el aprendizaje de los niños
Una niña sube una escalera dentro del Liceo Zlatopil en la región de Kharkiv, en el este de Ucrania.
Los niños de toda Ucrania están enfrentando uno de los inviernos más difíciles desde la escalada de la guerra. Las duras condiciones invernales, combinadas con la intensificación de los ataques a la infraestructura energética, han provocado cortes generalizados de electricidad y fallos en la calefacción, causando aulas heladas, cierres de escuelas e interrupciones en el aprendizaje presencial y en línea.
Estos desafíos combinados están amenazando el derecho de los niños a la educación, ya que 1,99 millones de niños se han visto afectados por las interrupciones entre principios de enero y mediados de febrero de 2026.
En Kiev, la capital y hogar de muchos niños desplazados, los estudiantes no han podido regresar a las aulas porque las temperaturas bajo cero y los apagones hacen que las escuelas no sean seguras.
La crisis energética está exacerbando la pérdida de aprendizaje, impulsada por el cierre de escuelas, la interrupción de la instrucción, los entornos de aprendizaje inseguros y fríos, y el acceso limitado o nulo al aprendizaje en línea, que sigue siendo la única opción para el 16% de los niños, incluidos los desplazados. Estas interrupciones también contribuyen al estrés psicológico y al aislamiento de compañeros y maestros.
Source of original article: United Nations (news.un.org). Photo credit: UN. The content of this article does not necessarily reflect the views or opinion of Global Diaspora News (www.globaldiasporanews.net).
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