Alrededor de 1,2 millones de personas necesitan asistencia humanitaria tras el terremoto que golpeó el occidente de Colombia, según una nueva revisión del Plan de Respuesta Humanitaria de Naciones Unidas para el país publicada este jueves.

La ONU y sus socios necesitan 135 millones de dólares para responder a la emergencia. Se busca asistir a unas 671.000 personas en las zonas más afectadas, principalmente en Risaralda, Valle del Cauca, Chocó y Caldas, con alimentos, alojamiento, atención sanitaria, agua y saneamiento, educación, ayuda monetaria y servicios de protección.

Los equipos humanitarios ya están desplegados en varias de las zonas, pero el acceso sigue siendo desigual. Más de 400 carreteras resultaron dañadas por el sismo y, en las áreas rurales y más remotas, esos daños se suman a dificultades logísticas que ya existían antes del terremoto.

“Prácticamente todo sigue siendo urgente”, dijo desde Quibdó Jean-Philippe Antolin, especialista en respuesta humanitaria y recuperación de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

Antolin afirmó que el alcance total de la emergencia todavía no está claro. Diez días después, todavía hay comunidades a las que la asistencia no ha podido llegar de forma regular.

“Hay comunidades a las que todavía no se ha podido acceder, o a las que solo se ha llegado una vez”, explicó a periodistas en la sede de la ONU en Nueva York.

© UNICEF/Augusto Pinedo
Infraestructura en Quibdó, Chocó, afectada por el terremoto de magnitud 7,4 que azotó Colombia.

La gente duerme a la intemperie por miedo

Las últimas cifras oficiales indican que más de 300 personas han muerto, 426 continúan desaparecidas y más de 4500 han resultado heridas en 472 municipios de 15 departamentos.

Además, más de 134.000 viviendas están dañadas y casi 30.000 fueron destruidas. 

Para muchas familias, incluso las viviendas que continúan en pie todavía no pueden considerarse seguras.

“Desde fuera, algunas pueden no parecer afectadas. Pero si entras, ves grietas por todas partes”, explicó Antolin. “La gente está durmiendo afuera por miedo a que el techo se les venga encima”.

Para esas familias, una de las necesidades más urgentes es saber si su vivienda es segura. Las evaluaciones estructurales continúan mientras miles de personas buscan dónde quedarse.

La OIM ha identificado al menos 71 alojamientos colectivos temporales, donde viven unas 4700 personas, equivalentes a cerca de 1400 hogares, en Valle del Cauca, Risaralda, Chocó y Caldas.

Muchas otras se han instalado con familiares, han alquilado temporalmente una vivienda o permanecen en espacios improvisados. Esto dificulta localizarlas y determinar qué asistencia necesitan.

“No queremos que los albergues se conviertan en imanes [de ayuda], como si fueran los únicos lugares donde la gente puede acceder a la asistencia”, advirtió Antolin.

Entre las alternativas que se necesitan están los alojamientos comunitarios, las estancias temporales en hoteles, el apoyo a familias de acogida y las ayudas en dinero para pagar alquileres.

© UNICEF/Augusto Pinedo
El Coliseo de Boxeo de Quibdó, adaptado como refugio temporal para familias afectadas por la emergencia en Chocó, Colombia.

La lluvia empeora una situación ya precaria

Las fuertes lluvias registradas en lugares como Quibdó, Buenaventura y Pereira están complicando aún más la vida de quienes duermen en albergues, escuelas, iglesias, edificios públicos o espacios abiertos.

“La lluvia también está facilitando la propagación de enfermedades transmitidas por vectores, como el dengue”, advirtió Antolin.

En Chocó, el desbordamiento de fuentes de agua y el contacto con agua contaminada elevan además el riesgo de enfermedades diarreicas y respiratorias.

Y es que el terremoto también golpeó con fuerza al sistema sanitario. Al menos 50 hospitales han sufrido daños graves que comprometen su funcionamiento, mientras algunas instalaciones afrontan interrupciones de agua, electricidad, oxígeno y suministros médicos. Los daños en carreteras y comunicaciones dificultan además el traslado de pacientes, personal y medicamentos.

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) está apoyando al Ministerio de Salud en la evaluación de los centros afectados, la vigilancia sanitaria en los alojamientos temporales y la coordinación de equipos médicos de emergencia, además de reforzar acciones de agua, saneamiento y salud mental. Todavía se necesitan instalaciones temporales, equipos biomédicos, medicamentos, suministros para ampliar la capacidad hospitalaria y materiales de laboratorio, entre otros recursos.

Riesgos para las mujeres los niños y las niñas

Las agencias de la ONU también han advertido sobre los riesgos para las mujeres y los niños.

El plan humanitario describe cómo el desplazamiento, la pérdida de vivienda, la falta de privacidad y el debilitamiento de las redes familiares y comunitarias pueden aumentar la exposición a la violencia de género, la explotación y los abusos sexuales.

El Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) ha desplegado equipos móviles en El Chocó para apoyar a sobrevivientes de violencia de género e identificar, atender y dar seguimiento a mujeres embarazadas, en coordinación con redes locales de parteras. También está distribuyendo kits con artículos de higiene y cuidado menstrual, así como insumos esenciales para las gestantes y sus bebés.

Para los niños, una de las mayores consecuencias está en las escuelas. Alrededor de 450.000 estudiantes se han visto afectados por daños en instalaciones educativas y más de 75.000 no tienen garantizado un espacio escolar seguro.

UNICEF y los socios humanitarios trabajan en espacios temporales de aprendizaje, apoyo psicosocial y protección infantil.

Posible afectación a la agricultura

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) alertó sobre un “vacío crítico de información” sobre las pérdidas en cultivos, ganado, pesca artesanal, sistemas de riego y cosechas.

La preocupación es especialmente alta en comunidades rurales, ribereñas y costeras que dependen de la agricultura familiar y de la pesca para alimentarse y obtener ingresos.

El terremoto también coincidió con periodos de siembra y cosecha en algunas zonas. La FAO explica que perder un ciclo productivo puede dejar a las familias sin ingresos y sin recursos para sembrar nuevamente.

En Chocó y partes del Valle del Cauca, el conflicto armado, el desplazamiento y las restricciones a la movilidad ya dificultaban antes del sismo el acceso a servicios básicos y medios de vida.

© UNICEF/Augusto Pinedo
Infraestructura en Quibdó, Chocó, afectada por el terremoto de magnitud 7,4 que azotó Colombia.

La respuesta para los próximos meses

Antolin destacó la movilización de ciudadanos, organizaciones sociales y empresas durante los primeros días, pero advirtió que ese apoyo no podrá mantenerse indefinidamente y que tampoco está llegando en cantidades suficientes a algunas zonas rurales.

“Sabemos por experiencia que en algún momento se reducirá”, afirmó.

La OIM lanzó este jueves un llamamiento por 30 millones de dólares para ampliar durante seis meses su respuesta en alojamiento, agua y saneamiento, salud, protección y recuperación.

Por su parte, el Programa Mundial de Alimentos (PMA) necesita otros 23 millones de dólares para proporcionar asistencia alimentaria y apoyo logístico a unas 100.000 personas. Hasta ahora ha entregado ayuda a más de 2000 personas en Pereira y Quibdó y prepara operaciones en nuevas zonas.

El Coordinador de Ayuda de Emergencia de la ONU, Tom Fletcher, ha dispuesto cinco millones de dólares del Fondo Central para la Acción en Casos de Emergencia (CERF) para apoyar la respuesta liderada por el Gobierno colombiano.

Aunque ya se empieza a hablar de reconstrucción, Antolin insistió en que la emergencia inmediata no ha terminado.

“La recuperación empieza desde el primer día”, dijo. “Pero lleva tiempo. Apenas han pasado diez días”.

Por ahora, añadió, la prioridad es llegar a las comunidades afectadas, estén donde estén, y garantizar que cuenten con lo necesario para vivir de forma segura y digna.

Source of original article: United Nations (news.un.org). Photo credit: UN. The content of this article does not necessarily reflect the views or opinion of Global Diaspora News (www.globaldiasporanews.net).

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