Cuando Jamal, un hombre etíope a principios de la treintena, emprendió el viaje por lo que se conoce como la ruta oriental, no buscaba trabajo, riqueza ni estatus. Buscaba a su sobrino de dieciséis años, desaparecido al intentar llegar a Arabia Saudita por uno de los corredores migratorios más peligrosos del mundo.
Cada año, decenas de miles de etíopes recorren esta ruta, cruzando zonas áridas de Etiopía y Yibuti, el golfo de Adén y Yemen, azotado por la guerra Muchos huyen de conflictos, desplazamientos, pobreza o crisis climáticas.
Otros son atraídos por falsas promesas de traficantes que se lucran con su desesperación Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), la ruta oriental se ha vuelto cada vez más violenta, con secuestros, extorsiones y abuso sistemático.
“Cuando la guerra llegó a nuestra región, todo cambió”, Jamal recuerda el momento en que su familia se vio obligada a huir de su hogar.
Secuestro e intento de rescate
El sobrino de Jamal fue una de las víctimas. Secuestrado en Yemen, sus captores exigieron un rescate La familia pagó, pero el joven nunca fue liberado Así que Jamal partió en su búsqueda. «No tenía opción. Mi hermano no tiene otros hijos. Tuve que ir tras él», relata Jamal.
En Yemen, Jamal se puso deliberadamente en el camino de los traficantes, esperando que lo llevaran al lugar donde retenían a su sobrino. El plan funcionó. Se reencontró con el joven, aunque fingió no reconocerlo para evitar sospechas. Mientras planeaba su escape, ayudó a otros cautivos a huir Antes de lograr el suyo, fue capturado.
El castigo fue inmediato y brutal. Lo obligaron a mirar cómo golpeaban, mutilaban y quemaban a otros cautivos. Luego, le tocó a él. Sus captores le envolvieron los pies en plástico y los prendieron fuego una y otra vez. Las quemaduras le dejaron daños permanentes que afectan su forma de caminar, dormir y vivir con el recuerdo de aquella noche. Su escape llegó cuando estalló una pelea entre grupos rivales de traficantes. En el caos, Jamal y su sobrino huyeron.
“No creía que un humano pudiera hacerle esto a otro humano”, dice de la tortura que soportó.
Ayuda de la ONU
Tras meses en Yemen, en los que sobrevivió lavando autos para ganar dinero y marcharse, Jamal llegó a Yibuti. Allí fue derivado a un Centro de Respuesta al Migrante de la OIM en Obock, donde recibió atención médica y apoyo psicosocial. Por primera vez desde su calvario, alguien le preguntó no solo de dónde venía, sino cómo llevaba lo ocurrido.
Hoy, Jamal se prepara para regresar a Etiopía. Todavía no le ha contado a su madre lo sucedido. «Me vio partir sano. Me preocupa que me vea así Tendré que explicárselo con cuidado», cuenta.
*Mylaèle Negga es oficial de la OIM
En el desierto de Yibuti yacen ropas que se cree han sido desechadas por los emigrantes.
Source of original article: United Nations (news.un.org). Photo credit: UN. The content of this article does not necessarily reflect the views or opinion of Global Diaspora News (www.globaldiasporanews.net).
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