Ante la recrudescencia de los casos de ébola en el este de la República Democrática del Congo (RDC) y en Uganda, las agencias humanitarias de Naciones Unidas han activado una respuesta de emergencia que incluye el despliegue logístico y operativo de los cascos azules de la MONUSCO.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha enviado 11,5 toneladas de suministros médicos, equipos de protección y kits de agua y saneamiento desde Kinshasa, Dakar y Nairobi. Pero el esfuerzo más visible sobre el terreno lo están realizando los efectivos de la Misión de la ONU para la Estabilización en la RDC (MONUSCO).

Un puente aéreo para frenar el virus

Desde el pasado 17 de mayo, la misión de paz activó un puente aéreo para transportar material de emergencia desde Nairobi hasta Bunia, en el corazón de la zona afectada. En apenas cuatro días, los cascos azules han logrado trasladar cerca de 30 toneladas de equipos médicos a la región.

La OMS, por su parte, ya ha desplegado más de 35 expertos y socorristas sobre el terreno. El miércoles comenzaron a instalar tiendas de aislamiento de 72 metros cuadrados en el Hospital de Bunia para reforzar la capacidad de atención a casos sospechosos.

Sensibilización puerta a puerta con altavoces

Pero la labor de los cascos azules va más allá del transporte de suministros. Sobre el terreno, los efectivos de la MONUSCO —militares, policías y personal civil— están llevando a cabo campañas de información comunitaria para frenar la propagación del virus.

En Tchabi, en el territorio de Irumu, a unos 120 kilómetros de Bunia, decenas de personas fueron sensibilizadas el 18 de mayo sobre medidas esenciales de prevención: higiene personal, lavado de manos y los riesgos de consumir carne de animales silvestres. Al día siguiente, una campaña similar se realizó en Fataki, dirigida a personas desplazadas y comunidades locales.

Utilizando altavoces, los equipos han insistido en el lavado regular de manos, el uso correcto de equipos de protección y el reconocimiento de los síntomas de la enfermedad. “Estas iniciativas buscan reforzar la preparación de las comunidades, reducir el pánico y proteger a las poblaciones vulnerables”, explicó la misión en un comunicado.

El hambre, otra epidemia silenciosa

La crisis sanitaria se suma a una situación alimentaria ya de por sí crítica. Más de 26,5 millones de congoleños, un 25% de la población, sufren inseguridad alimentaria. En Ituri, la provincia donde se originó el brote, 1,7 millones de personas enfrentan niveles de hambre aguda.

El Programa Mundial de Alimentos (PAM) está proporcionando servicios logísticos y asistencia alimentaria a los equipos de respuesta, pacientes, supervivientes y hogares afectados.

La epidemia de ébola, causada por la cepa Bundibugyo, para la que no existe vacuna aprobada, ha encendido todas las alarmas. La OMS declaró la emergencia sanitaria el pasado domingo. El riesgo de propagación internacional se considera bajo, pero la ventana para contener el brote en el este de la RDC se estrecha. Los cascos azules y las agencias de la ONU trabajan contrarreloj para cerrarla.

Source of original article: United Nations (news.un.org). Photo credit: UN. The content of this article does not necessarily reflect the views or opinion of Global Diaspora News (www.globaldiasporanews.net).

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