El balance se agrava, y con él la magnitud del desastre. En Líbano, la guerra continúa extendiéndose, dejando tras de sí cientos de muertos, miles de heridos y una población desplazada “a una velocidad fulgurante”, alertó este martes un alto responsable de Naciones Unidas.
Esta nueva fase de violencia se inscribe en una escalada regional iniciada a finales de febrero, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron ataques contra Irán. A raíz de ello, Hezbollá (el movimiento chiíta armado y aliado de larga data de Teherán) efectuó disparos de cohetes contra Tel Aviv, lo que provocó una respuesta israelí cada vez más extensa y destructiva sobre el territorio libanés.
Ante esta espiral, el Secretario General de la ONU volvió a pedir una desescalada inmediata. “La guerra en Oriente Medio debe cesar. La diplomacia debe prevalecer”, subrayó en una declaración hecha pública el martes.
Durante una reunión a puerta cerrada del Consejo de Seguridad por la mañana, la coordinadora especial de la ONU para Líbano, Jeanine Hennis-Plasschaert, consideró que las esperanzas de preservar al país se habían “desvanecido” por la decisión de Hezbollá de lanzar un ataque contra Israel el 2 de marzo.
“Al actuar así, avivó unas brasas que ahora han incendiado el Líbano”, declaró, evocando un conflicto plenamente arraigado en el territorio libanés y marcado por un elevado precio civil.
En el espacio de dos semanas, la unidad libanesa de gestión de riesgos de catástrofe ha registrado más de 2200 incidentes armados. Una intensidad que refleja la brutal aceleración de las violencias y el aumento del balance humano. Según el ministerio libanés de salud pública, 886 personas han muerto y más de 2140 han resultado heridas, de las cuales al menos 111 son niños.
Pero quizás sea en otro lugar donde se mide más claramente el cambio: en los movimientos de población, de una magnitud raramente observada en el país.
Un país desplazado
Desde Beirut, el coordinador humanitario de la ONU en Líbano, Imran Riza, describe un éxodo masivo y desordenado. “El número de personas registradas supera el millón, con 1.049.000 personas en este momento. Se trata de personas que se han registrado por sí mismas. Y creemos que el número total es, en realidad, muy superior”, declaró.
Casi uno de cada cinco libaneses está ahora registrado como desplazado. Y el ritmo no se ralentiza. “Los desplazamientos de población aumentan a una velocidad increíble. Muchos se van con muy pocas cosas, solo la ropa que llevaban puesta“, añadió Riza.
Sobre el terreno, este éxodo adopta la forma de partidas precipitadas, presas del pánico. Según UNICEF, cientos de miles de niños han huido de sus hogares en pocos días, a menudo sin llevar nada. Algunos han recorrido horas de carretera para llegar a Beirut, antes de pasar su primera noche a la intemperie, con frío.
“Se fueron a veces solo con la ropa que llevaban”, relata Christophe Boulierac, portavoz de UNICEF en Líbano. Muchos encuentran refugio en alojamientos ya saturados, donde “familias viven de a 14 en una habitación”. Otros se unen a los centros colectivos: alrededor de 130.000 desplazados están hoy alojados en unos 600 lugares en todo el país.
Se eleva el humo tras un ataque aéreo contra Beirut, la capital del Líbano.
Una infancia atrapada en la guerra
El costo humano se lee también en las estadísticas más sombrías. Según la agencia de la ONU, 107 niños han muerto y 331 han resultado heridos desde el inicio de la escalada. “La primera semana, en promedio, hubo en Líbano 10 niños muertos cada día y 36 heridos”, precisa Christophe Boulierac.
Muchos de estos niños están gravemente heridos, necesitando operaciones de urgencia y un seguimiento psicológico intenso. Algunos se enteran al despertar de la muerte de sus seres queridos. “Es un gran, gran choque”, subraya.
En los refugios, los signos de trauma son omnipresentes. Los niños pasan “de la risa al llanto” en pocos instantes. Las explosiones marcan su día a día, “de la mañana a la noche”, incluso en Beirut. Y para muchos, la guerra no hace más que repetirse.
“Es la segunda vez”, insiste el portavoz, evocando las violencias vividas 18 meses antes, durante la guerra de 2024 entre Israel y Hezbollá. “Esta repetición va a agravar todas las heridas psicológicas”.
Algunos testimonios dan cuenta de la magnitud de esta angustia. Un niño pidió llevar una pulsera con su nombre, “para ser identificado si lo matan”. Una escena que, por sí sola, resume la interiorización de la violencia por parte de los más jóvenes.
Un territorio fragmentado
Sobre el terreno, la respuesta israelí se intensifica y se amplía. El ejército israelí multiplica los ataques sobre el sur del Líbano, el extrarradio sur de Beirut –bastión de Hezbollá– y ciertas zonas de la Bekaa, emitiendo al mismo tiempo órdenes de evacuación cada vez más extensas.
Según la ONU, alrededor de 1500 kilómetros cuadrados –una porción significativa del territorio libanés– están ahora afectados.
“Ha habido toda una serie de órdenes de desplazamiento. Las recibimos ahora casi a diario. Cubren una parte cada vez mayor del territorio libanés, lo que ejerce una presión considerable sobre las comunidades de acogida que también intentan ayudar a los desplazados”, explicó Riza.
A esta presión se añade la intensificación de los ataques aéreos, a veces llevados a cabo sin previo aviso. “Muchas de estas operaciones tuvieron lugar sin advertencia, sin orden de evacuación (…) y muchas comunidades temen por tanto que personas que podrían ser objetivo se encuentren en algunas de estas zonas [alcanzadas]”.
El espectro de un desplazamiento forzado
En Ginebra, el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos advierte contra las implicaciones jurídicas de esta dinámica. El desplazamiento forzado de población, tal como se observa en el sur del Líbano, está prohibido por el derecho internacional humanitario.
Estos últimos días, Israel ha extendido sus órdenes de evacuación al conjunto del sur del país, en particular a la zona situada entre el Litani y el Zahrani. En total, al menos el 15% del territorio nacional está afectado.
“Estos desplazamientos conllevan toda una serie de problemas relacionados con los derechos humanos, como la falta de atención sanitaria adecuada, de comida y de agua potable en cantidad suficiente, mientras las infraestructuras civiles continúan siendo destruidas”, declaró Thameen Al-Kheetan, portavoz del Alto Comisionado.
La agencia de la ONU se inquieta también por las discriminaciones que sufren los desplazados en el mercado de alquiler y por un aumento de los discursos de odio en línea.
Denuncia además declaraciones de responsables israelíes que evocan la posibilidad de “hacer sufrir al Líbano destrucciones comparables a las de Gaza”, palabras consideradas “totalmente inaceptables”.
“Esta retórica […] exacerba el miedo y la angustia profundos que reinan entre la población libanesa”, subrayó Al-Kheetan.
Sobrevivir, curar, aprender
Más allá de la urgencia, las necesidades son múltiples e inmediatas. “Estos niños lo necesitan todo”, resume Christophe Boulierac.
Acceso a la atención médica, al agua potable, continuidad de los tratamientos para enfermedades crónicas: UNICEF ha desplegado clínicas móviles para evitar la interrupción de las campañas de vacunación y atender los casos más graves. El frío y la lluvia agravan aún más los riesgos sanitarios, especialmente las infecciones respiratorias.
La educación, también, está profundamente perturbada. Gran parte de las escuelas públicas están cerradas, algunas transformadas en refugios. Se han puesto en marcha dispositivos de enseñanza a distancia, pero su alcance sigue siendo limitado.
Ahora bien, insiste UNICEF, la escuela no se limita al aprendizaje. Ofrece a los niños “cierta estructura, cierta normalidad” – dos referentes hoy ampliamente desmoronados.
Un patrimonio amenazado
Más allá del frente humanitario, el conflicto erosiona también el patrimonio y las infraestructuras civiles. La UNESCO, la agencia de la ONU para la cultura y la educación, indica que varios sitios culturales ya han sido dañados, mientras que otros están expuestos a un alto riesgo debido a su proximidad con los combates.
La educación no se libra: al menos 65 escuelas han sido dañadas, y los ataques contra establecimientos escolares y universitarios han causado víctimas entre los docentes y los alumnos.
Source of original article: United Nations (news.un.org). Photo credit: UN. The content of this article does not necessarily reflect the views or opinion of Global Diaspora News (www.globaldiasporanews.net).
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