Esperar durante horas en un aeropuerto, permanecer en la pista antes del despegue o dar vueltas en el aire antes de poder aterrizar podría ser menos frecuente si los países amplían el uso de un sistema internacional para anticipar y gestionar la congestión aérea.
Representantes de gobiernos, aeropuertos, aerolíneas, proveedores de navegación aérea y otros actores del sector se reúnen esta semana en la sede de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), en Montreal, para avanzar en la implantación mundial de la llamada Gestión de Afluencia del Tránsito Aéreo, o ATFM por sus siglas en inglés.
La iniciativa busca responder a un escenario cada vez más complejo para la aviación mundial, marcado por el crecimiento del tráfico, los fenómenos meteorológicos extremos, los cierres de espacios aéreos y la incorporación de nuevas tecnologías.
En lugar de gestionar cada vuelo de forma aislada, el sistema permite anticipar dónde habrá congestión y ajustar previamente horarios, rutas y capacidad disponible.
Según la OACI, una coordinación más estrecha puede mejorar la puntualidad de los vuelos y, al mismo tiempo, reducir recorridos innecesarios, consumo de combustible y emisiones.
Sede de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) en Montreal, Canadá.
Decidir antes de despegar
Una de las herramientas que forma parte de este modelo es la llamada toma de decisiones colaborativa en los aeropuertos.
El sistema permite que aerolíneas, aeropuertos y controladores compartan información en tiempo real para tomar conjuntamente decisiones sobre aspectos como el momento más conveniente para un despegue o un aterrizaje.
Esa coordinación puede extenderse además a otras actividades aeroportuarias, desde el manejo de equipajes y el repostaje hasta el movimiento de pasajeros, mediante un concepto conocido como gestión total del aeropuerto.
La idea es sencilla: si un aeropuerto sabe con antelación que no podrá recibir más aeronaves durante determinado periodo, puede regularse la salida de algunos vuelos desde su punto de origen en lugar de hacerlos esperar posteriormente en el aire.
Rutas más directas
La agencia también está promoviendo una expansión gradual del llamado “espacio aéreo de rutas libres”, que permite a las aeronaves elegir trayectorias más directas y eficientes en lugar de seguir exclusivamente corredores previamente establecidos.
El espacio aéreo disponible también podría gestionarse de manera más flexible en función de la demanda, aumentando la capacidad donde sea necesario.
Otro de los desafíos consiste en determinar con mayor precisión cuántos aviones puede gestionar de forma segura cada aeropuerto o sector del espacio aéreo en un momento determinado.
La organización también trabaja en la optimización de las distancias mínimas de separación entre aeronaves, con el objetivo de aumentar la capacidad sin comprometer la seguridad.
Un avión 747 de British Airways se prepara antes de despegar en la terminal del aeropuerto internacional O’hare de Londres (Reino Unido).
Una red mundial
“Juntos lograremos una red verdaderamente conectada para la gestión del flujo del tráfico aéreo, que permita que cada vuelo opere de manera previsible y eficiente, al tiempo que mejora la seguridad y la sostenibilidad”, afirmó el secretario general de la OACI, Juan Carlos Salazar, al inaugurar las conversaciones.
La reunión concluirá el 9 de octubre y sus resultados servirán para orientar las actualizaciones de las directrices de la OACI y el apoyo que presta a los Estados para ponerlas en práctica.
El horizonte es 2030. Las nuevas disposiciones de la OACI sobre gestión del flujo del tráfico aéreo están previstas para ser aplicables en noviembre de ese año y supondrán un cambio importante: la ATFM dejará de ser considerada opcional y pasará a ser una necesidad operacional para los Estados, los proveedores de servicios de navegación aérea y los usuarios del espacio aéreo.
Europa y Norteamérica ya cuentan con sistemas centralizados de gestión del flujo aéreo, mientras otras regiones han desarrollado modelos adaptados a sus propias redes. El reto es extender estas capacidades y hacerlas cada vez más compatibles entre países.
Esto es especialmente importante porque un vuelo internacional puede atravesar varios espacios aéreos y depender de distintos aeropuertos y centros de control. Una medida adoptada en un país puede tener efectos mucho más allá de sus fronteras, por lo que la OACI considera esencial que los sistemas nacionales puedan coordinarse e intercambiar información.
La OACI es el organismo especializado de las Naciones Unidas encargado de establecer normas y prácticas internacionales para que la aviación civil funcione de manera segura, eficiente y coordinada entre países. Sus estándares abarcan ámbitos como la navegación aérea, la seguridad operacional, los aeropuertos y la gestión del tráfico y permiten que aeronaves, controladores y sistemas nacionales puedan operar de forma compatible en una red mundial.
Source of original article: United Nations (news.un.org). Photo credit: UN. The content of this article does not necessarily reflect the views or opinion of Global Diaspora News (www.globaldiasporanews.net).
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