Un atardecer en el sur de Ucrania, devastado por la guerra, un grupo de hombres armados irrumpió en la casa de Maryna. No tenía dónde esconderse.
“En cuanto abrí la puerta, me golpeó en la cara con la culata de su fusil“, relata Maryna, cuyo nombre ha sido cambiado para proteger su identidad. “Se me rompieron los dientes. Tenía la cara cubierta de sangre“. Era solo el comienzo. Le siguieron horas de agresiones, intimidación y violencia sexual, que dejaron una cicatriz profunda en su alma.
Antes de la invasión rusa a gran escala de Ucrania en 2022, Maryna recordaba su vida llena de alegría, especialmente su época como maestra. “Nunca habría imaginado que habría una guerra. Tranquilizaba a todos, diciendo que quizá habría provocaciones, pero no una guerra“, cuenta.
Hoy, al recorrer los pasillos de su escuela, medio destruida, medio reparada, parece sumergirse en tiempos más felices, cuando su alma resonaba con las risas de los niños. La vista de los escombros rompió sus recuerdos idílicos y la idea inconcebible de que su pueblo pudiera convertirse en un campo de batalla.
Maryna camina a través de una escuela destruida en Kherson donde solía enseñar literatura ucraniana.
Simplemente impensable
“Nunca habría pensado que Rusia, una potencia así, pudiera atacar nuestra hermosa Ucrania. Era simplemente impensable”, cuenta.
Maryna relata la rapidez con la que todo ocurrió. Sus primeros encuentros con las fuerzas rusas fueron aterradores. “Los observábamos con terror, viéndolos ir casa por casa, saqueando y ejerciendo su crueldad”.
Cuando se quedó sola, el miedo se intensificó. “Hasta mi último aliento recordaré el día de los santos Pedro y Pablo, el 12 de julio, porque fue ese día cuando sufrí en carne propia“.
Tras entrar en su casa, comenzó la agresión. “Me arrojó al sofá y empezó a estrangularme. Apretaba tan fuerte que durante dos semanas no pude comer alimentos sólidos”. “La tortura continuó. Luego comenzó a arrancarme la ropa. Me resistí con todas mis fuerzas, pero no era lo suficientemente fuerte”, explica. “El trauma psicológico me marcará de por vida. Duele recordarlo“.
Maryna pasó semanas escondida en sótanos y cocinas de casas abandonadas, luchando por sobrevivir. No había agua, electricidad ni gas. Cocinaba en secreto, evitaba ser detectada y temía cada golpe en la puerta o sombra que pasaba.
“En esa época, no teníamos ni electricidad, ni agua corriente, ni gas. No les decía dónde encontraba agua o comida, porque temía que también se instalasen allí“. Describe la presencia de las fuerzas militares rusas como “constante, opresiva y deshumanizante”.
“Llevaban armas automáticas a todas partes. Era muy difícil sentirse segura, incluso en mi propia casa”.
Una huida con las costillas rotas
Tras días de terror, Maryna logró salir de Jersón en un convoy humanitario, herida, golpeada y exhausta. Su viaje hacia la seguridad duró días, a través de tramos de carreteras, puntos de control y campos minados.
“Cuando llegamos a territorio ucraniano, salimos del coche y besamos el suelo“. Los exámenes médicos revelaron costillas rotas, heridas por la agresión y enfermedades contraídas durante su clandestinidad en los sótanos. Gracias al apoyo de la ONU y las ONG, comenzó su proceso de recuperación.
Hoy, Maryna trabaja para que la voz de las supervivientes sea escuchada y para que el reconocimiento, la rehabilitación y la protección sean accesibles para todas las víctimas de violencia sexual en conflictos.
“Es un crimen terrible, un crimen contra la humanidad. Quiero paz para que en ningún lugar del mundo nadie sufra un horror así”.
Maryna muestra una cicatriz en su estómago, como resultado del ataque en su casa en la región de Kherson, Ucrania.
Violencia de genero
Su historia refleja el sufrimiento de las supervivientes y se traduce en un apoyo inquebrantable a la lucha contra la violencia, exigiendo atención confidencial y adaptada a los traumas, redes de apoyo sólidas y el reconocimiento de que las cicatrices más profundas de la guerra suelen ser invisibles y pueden tardar toda una vida en sanar.
Las supervivientes de violencia sexual en conflictos suelen enfrentarse a la estigmatización, el miedo a represalias y la falta de acceso a servicios.
Maryna destaca la importancia de un apoyo seguro y profesional. Los programas impulsados por redes de supervivientes y organizaciones lideradas por ellas, con el apoyo de la ONU, el gobierno ucraniano y las ONG locales, son esenciales para ayudar a supervivientes como Maryna a recuperar su dignidad y reconstruir no solo sus vidas, sino también las de sus comunidades, sin riesgo de revictimización.
Source of original article: United Nations (news.un.org). Photo credit: UN. The content of this article does not necessarily reflect the views or opinion of Global Diaspora News (www.globaldiasporanews.net).
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