La última gran conferencia climática de la ONU (COP30 en Brasil) concluyó sin un acuerdo definitivo sobre la eliminación progresiva del carbón, el petróleo y el gas, pero hubo muchos avances positivos, incluidos compromisos para aumentar la financiación de la acción climática, proporcionar dinero para la adaptación y combatir la desinformación climática.
La cuestión de la transición hacia una economía mundial baja en carbono resultó ser mucho más espinosa (como lo ha sido en todas las COPs) y muchos países y grupos de la sociedad civil expresaron su frustración por la falta de consenso sobre el tema.
Esa frustración se ha canalizado hacia el evento “Transición lejos de los combustibles fósiles” (TAFF, por sus siglas en inglés), que se concluye este miércoles en Santa Marta, Colombia.
Descrito como una “coalición de voluntarios”, la reunión diplomática internacional es la primera centrada explícitamente en los aspectos prácticos de pasar de los combustibles emisores de carbono a las fuentes de energía renovables.
Más de 50 naciones, de todas las regiones y niveles de desarrollo, tanto de países productores como consumidores de combustibles fósiles, junto con representantes del mundo académico, el sector privado y grupos de la sociedad civil, se reunieron para trazar un camino ambicioso hacia sociedades y economías sostenibles.
El talón de Aquiles del petróleo
Aunque el evento no está organizado por la ONU, altos funcionarios de la organización fueron invitados a asistir, entre ellos Selwin Hart, asesor especial para la Acción Climática y la Transición Justa, quien declaró que la actual crisis energética mundial provocada por el conflicto en Irán ha puesto de manifiesto hasta qué punto “un sistema energético mundial basado en combustibles fósiles es inherentemente inestable, volátil y poco fiable“.
Dirigiéndose a la conferencia el martes, Hart señaló que tres de cada cuatro personas viven en países que son importadores netos de combustibles fósiles, lo que los hace vulnerables a crisis que no han creado y no pueden controlar. Poner fin a esa dependencia, afirmó, es “un imperativo de seguridad, un imperativo económico y un imperativo de desarrollo“.
Las energías renovables, como la eólica y la solar, ofrecen estabilidad, soberanía y control sobre el futuro energético propio y representan la vía más rápida y rentable para el acceso universal a la energía, en un mundo donde casi 800 millones de personas carecen de acceso a la electricidad.
Sin vuelta atrás
“No hay embargos, crisis de precios, aranceles ni peajes para el viento o la luz solar“, afirmó.
Hart advirtió que las fuerzas políticas y económicas opuestas a la transición están trabajando activamente para retrasar y socavar el proceso, sembrando dudas sobre la ciencia, distorsionando la economía y socavando la integridad de la información climática para proteger el statu quo y los intereses de los combustibles fósiles.
El alto asesor pidió que el evento de Santa Marta marque el comienzo de un nuevo modelo de cooperación y envíe un mensaje de que “la dirección del viaje es irreversible, y que esta transición se gestionará con propósito, colaboración y urgencia“.
Un punto de inflexión económico
Esa sensación de urgencia, sin parangón en los debates climáticos, es tangible en Santa Marta, según Martin Krause, director de la División de Cambio Climático del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).
Krause atribuye este impulso a la naturaleza extremadamente volátil de los mercados energéticos y al impacto que la guerra en Oriente Medio está teniendo en el mundo real. Cree que podría marcar un punto de inflexión para la adopción generalizada de las energías renovables.
“Hemos visto en los últimos años que las energías renovables, especialmente la solar y la eólica, son competitivas en muchos mercados y a menudo más baratas que la mayoría de las alternativas basadas en combustibles fósiles. Por lo tanto, estamos asistiendo a un movimiento muy fuerte hacia la electrificación en sectores económicos enteros”.
Impulsado por el mercado
El mercado, dice Krause, ya se está moviendo, a pesar de la percepción de lentitud en los progresos de las negociaciones climáticas oficiales, y los ciudadanos están prestando atención. En algunos mercados y países, la transición “ya no está impulsada por las políticas. Está impulsada por el mercado“.
La gente nota ahora la diferencia en el surtidor de gasolina, pero la crisis también está ejerciendo una presión inflacionista sobre el precio de los alimentos y muchos productos de consumo, porque muchas cosas dependen del precio del petróleo y el gas.
Algunos países especialmente afectados, afirma Krause, “apenas pueden permitirse mantener el aire acondicionado encendido, o mantener las luces encendidas, porque dependen en gran medida de los combustibles fósiles importados. Se están dando cuenta de que esta no es una solución a largo plazo para su economía”.
Source of original article: United Nations (news.un.org). Photo credit: UN. The content of this article does not necessarily reflect the views or opinion of Global Diaspora News (www.globaldiasporanews.net).
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