Según una nota de análisis publicada en enero por la Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), el choque financiero provocado por esta retirada precipitada ha provocado un rápido colapso de las capacidades humanitarias en varias provincias de la República Democrática del Congo (RDC).

En 2025, las necesidades humanitarias del país alcanzaban los 2500 millones de dólares para ayudar a cerca de 11 millones de personas. Pero al 8 de enero de 2026, solo se habían movilizado 605 millones de dólares, es decir, apenas una cuarta parte de los montos requeridos, con una caída de más de la mitad en comparación con el año anterior.

Principal donante del país en 2024, con 920 millones de dólares que representaban cerca del 66% del plan de respuesta humanitaria, Estados Unidos redujo su contribución a unos 142 millones en 2025, una caída del 85%. Washington sigue siendo el primer donante, pero su descompromiso parcial ha desorganizado sectores enteros de la respuesta humanitaria.

Un sistema de salud al borde de la ruptura

La salud concentra los efectos más inmediatos de estos recortes. La suspensión de los financiamientos estadounidenses en este sector ha provocado un colapso sistémico de las capacidades sanitarias en varias provincias. Más de 1,5 millones de personas han perdido el acceso directo a cuidados esenciales, y más de diez organizaciones internacionales se han visto obligadas a reducir o cesar sus actividades.

En numerosas zonas, las estructuras de salud han cerrado o funcionan a ralentí. Consultas limitadas, escasez de medicamentos esenciales, suspensión de la atención prenatal y de la atención a las sobrevivientes de violencia sexual: los efectos se acumulan. Prolongadas rupturas de suministro de antipalúdicos afectan a decenas de zonas de salud, provocando muertes relacionadas con paludismos no tratados. Las capacidades de respuesta a las epidemias de cólera, sarampión y mpox se han visto considerablemente debilitadas, especialmente en el este del país.

Los programas de lucha contra el VIH, la tuberculosis y el paludismo, así como las campañas de vacunación y los servicios de salud materna, sufren importantes restricciones. El riesgo de mortalidad materna y neonatal se ve así incrementado.

Mujeres y niñas sin red de protección

Las consecuencias son particularmente graves para las mujeres y las niñas. Los proyectos de lucha contra la violencia basada en el género se han reducido a la mitad, pasando de más de 730 en 2024 a unos 370 en 2025. La cobertura sanitaria, por su parte, pasó de unas 152 zonas de salud a menos de 100 en un año, es decir, una disminución de más de un tercio.

En varias zonas de conflicto, especialmente en Ituri, los mecanismos formales de documentación y alerta de las violaciones han desaparecido. Las sobrevivientes de violencia sexual se encuentran privadas de atención médica, apoyo psicosocial y protección jurídica.

La educación y la infancia en primera línea

La contracción de los financiamientos también afecta a la educación, con una caída de alrededor del 48% de los recursos. Parte de los fondos destinados a la educación en situaciones de emergencia se redujo a la mitad, con proyectos acortados y una disminución notable del número de provincias objetivo. En el este del país, millones de niños ven interrumpida su escolaridad, lo que incrementa los riesgos de reclutamiento por grupos armados, trabajo infantil, matrimonios precoces y violencia de género.

En 2025, la suspensión de los financiamientos estadounidenses también provocó el cierre de 1178 centros de atención de la malnutrición aguda en cincuenta zonas de salud. Cientos de miles de niños afectados por malnutrición aguda severa o moderada perdieron el acceso a la atención: cerca de 392.000 niños que sufren malnutrición aguda severa y más de un millón con malnutrición aguda moderada ya no serán atendidos.

En un país donde 25 millones de personas se encuentran en situación de inseguridad alimentaria, de las cuales más de 10 millones en el este, la respuesta humanitaria se contrae al mismo tiempo que las necesidades siguen creciendo.

Una ayuda recentrada en la supervivencia

Frente a la magnitud de la crisis, las autoridades congoleñas y los socios humanitarios han iniciado una restructuración de la respuesta. La ONU y la RDC lanzaron un reajuste humanitario con el objetivo de concentrar la ayuda en las necesidades vitales más urgentes. El presupuesto del plan de respuesta humanitaria se redujo de 2500 a 1400 millones de dólares.

Pero este cambio se asemeja a una línea de cresta. Sin una reacción rápida de los donantes, advierten las agencias humanitarias, la ayuda ya no podrá cumplir su mandato mínimo: proteger a los civiles y preservar la dignidad humana.

Source of original article: United Nations (news.un.org). Photo credit: UN. The content of this article does not necessarily reflect the views or opinion of Global Diaspora News (www.globaldiasporanews.net).

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