Walid al-Assi juega con su nieta y le promete llevarla al mercado de la ciudad de Gaza con la llegada del Ramadán, como siempre había hecho su familia antes de la guerra. Pero las circunstancias han cambiado y hoy se ven privados de casi todo.

Walid vive con su familia en una tienda de campaña hecha de tela y láminas de plástico, levantada junto a los escombros de su casa en el barrio de Al-Zarqa, en el centro de la ciudad de Gaza. Allí, donde antes vivían “felices” y compartían buena comida, incluidos dulces típicos de Ramadán como el qatayef, ahora solo quedan ruinas.

“Ahora todo ha cambiado”, explicó al corresponsal de Noticias en Gaza.

 “Nos han privado de todas esas cosas. Hoy veo productos en las tiendas y aparto la mirada porque no tengo dinero para comprarlos. Sufro de hipertensión y diabetes, y no puedo caminar. A quienes vivimos en tiendas de campaña se nos debe ayudar”, añade con su nieta siempre a su lado. 

“Estamos viviendo una tragedia”

En otra tienda de desplazados, Amal Al-Samri y su esposo intentan recrear, aunque sea de manera simbólica, el ambiente del mes sagrado. Organizan el interior del refugio y se preparaban para Ramadán. Una sonrisa no abandona el rostro cansado de Amal, mientras sus tres hijos visten ropa que parece nueva para celebrar la llegada del mes.

Amal recuerda con nostalgia cómo era la vida antes de la guerra: “Nuestra vida era hermosa. Visitábamos a los familiares, iba a ver a mis padres y hermanos, salía al mercado para hacer las compras de la casa, preparaba el ambiente de Ramadán y colgaba luces decorativas”.

Hoy, dice, la realidad es muy distinta: “No hay nada. Estamos viviendo una tragedia. No hay electricidad ni agua. Hemos sido desplazados de un lugar a otro y, en uno de ellos, el agua del mar inundó la zona y arrasó nuestras tiendas”.

Altos precios y escasez

Pese a la destrucción, la escasez y las profundas cicatrices que ha dejado la guerra, el espíritu del Ramadán intenta abrirse paso en el histórico Zawiya Market, en la ciudad de Gaza.

Algunas tiendas y puestos han colgado faroles de distintos tamaños y carteles dando la bienvenida al mes sagrado. Varias familias han logrado comprar faroles para sus hijos, a pesar de los altos precios.

Sin embargo, muchos recorren el mercado sin adquirir nada. Los precios elevados y la falta de mercancías limitan las compras, explica Luay Al-Jamasi, propietario de una tienda de decoraciones de Ramadán.

“Muchas personas se han visto privadas de las decoraciones porque no tienen electricidad. Además, los precios han subido mucho porque no han entrado productos en el último periodo”, señaló.

Sosteniendo un farol, explica que “antes costaba 30 shekels (unos 9,69 dólares al cambio actual de la moneda israelí); ahora cuesta 60. El precio se ha duplicado por la falta de mercancías”.

“Hemos pasado por momentos muy difíciles”, añade.

Celebrar pese a todo

Aun así, hay quienes insisten en celebrar a su manera y mostrar solidaridad. Entre ellos está Maher Tarazi, un ciudadano palestino cristiano.

Mientras paseaba por el mercado, se detuvo ante la cámara de Noticias ONU y tarareó con voz suave una canción tradicional del Ramadán: “Han llegado noches dulces y felices, noches que vienen y noches que se van, en las que la luz siempre está presente y brilla desde las alturas”.

La gente quiere sentirse feliz. Hemos pasado por tiempos difíciles, y es bueno que todavía estemos vivos”, afirmó.

 “La gente se mira y se pregunta cómo sobrevivimos a todo esto. Luego retoman su vida y vienen al mercado. Pero la situación ya no es como antes en términos de poder adquisitivo”, agregó.

Al caer la noche, algunas zonas de la ciudad de Gaza se iluminan con los faroles y lámparas disponibles para celebrar la llegada del mes sagrado, pese a las duras condiciones en las que continúa viviendo gran parte de la población, la mayoría aún desplazada.

Según la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), al menos dos tercios de la población, 1,4 millones de los 2,1 millones de habitantes, viven en unos mil asentamientos, en espacios superpoblados y en tiendas que ofrecen escasa privacidad y protección.

En medio de la devastación, el Ramadán llega entre escombros y carencias, pero también con pequeños gestos de resistencia cotidiana y el deseo persistente de encontrar, incluso ahora, un motivo para celebrar.

Source of original article: United Nations (news.un.org). Photo credit: UN. The content of this article does not necessarily reflect the views or opinion of Global Diaspora News (www.globaldiasporanews.net).

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