Mientras muchos países con un historial de incendios forestales están experimentando fuegos más frecuentes y de mayor magnitud, otros situados en zonas tradicionalmente más frías o húmedas también se preparan, a más largo plazo, para la posibilidad de tener que hacer frente a un mayor número de incendios, subraya la Organización Mundial de la Salud (OMS).

El 15 de julio de 2026, un incendio forestal se declaró en las montañas de Cairngorms, en Escocia. La zona ya había sufrido incendios anteriormente, pero, debido a las condiciones excepcionalmente secas de este año, el fuego penetró en la capa seca de turba, provocando focos de calor y rebrotes de las llamas que resistieron los esfuerzos de contención.

Más de 500 bomberos acudieron a combatir el incendio, con apoyo aéreo para extinguir las llamas y excavadoras que fueron movilizadas para abrir cortafuegos. Nueve días después, cuando los fuertes vientos empujaron el impredecible fuego hacia el pueblo de Nethy Bridge, la Policía de Escocia declaró un incidente grave y muchos de sus 600 habitantes fueron evacuados.

James MacEwan vive en el pueblo: “Los días consecutivos sin lluvia causaron gran preocupación en Nethy Bridge. Tuvimos mucha suerte de que el viento siguiera soplando del oeste y llevara el fuego hacia las colinas; de lo contrario, habríamos enfrentado una grave amenaza para nuestras casas y, posiblemente, para la vida de las personas. La desventaja fue que esto llevó el fuego a un terreno relativamente inaccesible e hizo que contenerlo fuera extremadamente difícil“.

Tuvo que transcurrir más de un mes desde el inicio del incendio hasta que el Servicio Escocés de Bomberos y Rescate retiró oficialmente a los equipos de extinción.

Prepararse para el futuro

El doctor Will Hayes es investigador especializado en incendios forestales en el Centro Leverhulme para los Incendios Forestales, el Medio Ambiente y la Sociedad del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte.

“Estamos observando una creciente preocupación por los incendios forestales más allá del Mediterráneo, especialmente en las tierras altas atlánticas de Irlanda y Escocia, así como en algunas zonas del norte y el centro de Europa. Estas regiones no se están convirtiendo en paisajes mediterráneos, pero zonas tradicionalmente más húmedas y frías están experimentando ahora períodos cada vez más frecuentes en los que una cantidad creciente de vegetación está lo suficientemente seca como para arder y los incendios pueden propagarse”, afirma.

Y continúa: “La gente no debe asumir que los paisajes húmedos o verdes son inmunes a los incendios. Durante períodos secos, cálidos y ventosos, la vegetación puede volverse altamente inflamable, incluso en regiones montañosas y septentrionales. Eviten las fogatas, las barbacoas y las fuentes de ignición por descuido durante condiciones meteorológicas de alto riesgo, sigan las alertas locales sobre incendios y recuerden que los pequeños fuegos pueden propagarse rápidamente cuando las condiciones del combustible son favorables”.

Evaluación de los riesgos para la salud pública 

La preparación ante los incendios forestales también es importante a nivel nacional, afirma el doctor Hayes. “La prevención de los incendios forestales no depende únicamente de los servicios de bomberos, sino también de cómo se gestionan los paisajes antes de que ardan. El riesgo de incendios forestales debe tratarse como una cuestión relacionada con el uso del suelo, la adaptación al clima y la salud pública, y no únicamente como un problema de respuesta a emergencias”, señala.

La metodología del Conjunto de Herramientas Estratégicas de la OMS para la Evaluación de Riesgos (STAR, por sus siglas en inglés) permite a las autoridades realizar rápidamente una evaluación basada en datos empíricos de los riesgos para la salud pública.

Desde 2018, la OMS ha organizado 38 talleres nacionales de evaluación estratégica de riesgos en la Región Europea de la OMS.

Países como Chipre e Irlanda han completado recientemente sus primeros talleres nacionales de evaluación estratégica de riesgos, que reunieron a expertos de los ministerios de salud y de otros sectores. El taller identificó las amenazas sanitarias más urgentes, entre ellas las olas de calor y los incendios forestales, sentando las bases para inversiones estratégicas en preparación y capacidad de respuesta ante emergencias.

“El calor extremo y los incendios forestales ya no son únicamente emergencias ambientales: son amenazas crecientes para la salud pública que afectan directamente tanto a la salud de las personas como a los sistemas sanitarios”, afirma Tanja Schmidt, responsable en la División de Seguridad Sanitaria de la Oficina de la OMS para Europa.

“En toda la región, los países utilizan cada vez más evaluaciones nacionales de riesgos que abarcan todos los peligros para comprender los riesgos impulsados por el clima, identificar los efectos en cascada y priorizar las medidas de preparación. En última instancia, esto contribuye a proteger a las comunidades, dando prioridad a las personas más vulnerables y garantizando que los sistemas sanitarios estén preparados para responder“.

Source of original article: United Nations (news.un.org). Photo credit: UN. The content of this article does not necessarily reflect the views or opinion of Global Diaspora News (www.globaldiasporanews.net).

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